viernes, 12 de mayo de 2017

Música Popular Chilena. Parte 9.



Nuevamente con el tema de nuestra música. El título de "Música Popular Chilena", solo corresponde para darle "continuidad" al tema y de a poco ingresemos a este item de la música, por lo tanto, acá encontrarán artículos de música popular como música docta, que diferentes especialistas escribieron alguna vez en medios de nuestro país.



 Hoy con la Revista "Patrimonio Cultural", editada por la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos. Nº 49 Año XIII Primavera 2008.

Título del Artículo:

¿ Tiene ritmo la historia de Chile ?

Sub título:

"Una revisión a conciencia". En el Centro de Documentación Musical de la Universidad de Chile debuta próximamente la digitalización y apertura pública de dos colecciones que permitirán conocer nuestra sociedad a través de la música.

Por Heidi A. Schmidlin Moore
Heidi A. Schmidlin Moore es Periodista e investigadora.
 

En el amplio mar de temas Bicentenario hay un pez fuera del agua: aquella noción de cultura inscrita en la memoria de las sonoridades que cortejan los relatos historiográficos de un país. Su nombre: patrimonio musical.

Evidencia: ¿Alguien sabe qué música estaba de moda cuando Balmaceda asume la presidencia de la República? ¿Qué música se usó cuando Manuel Montt, como Ministro de Instrucción Pública, inauguró la Universidad de Chile?

Por ello el Centro de Documentación Musical de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, impulsa la creación de un nuevo archivo sonoro que salvaguarda la colección de grabaciones de música tradicional -docta y popular- recolectada desde la década de los '40 hasta los años '70.

foto_scd.jpg?v=1267191434863Una compleja labor por la múltiple cadena de procesos implicados que
abarca la preservación, conservación, documentación y diseño de un sistema accesible a diversos públicos.

Pero la cadena de procesos que implica la realización del archivo no se detiene sólo en el rescate de su sonido, sino que avanza a relevar los contextos culturales/históricos que los contienen o a las funciones donde las sonoridades sirven a un propósito cultural.

"La noción de patrimonio es un criterio que tiene muchos usos; pero si se liga a la noción de memoria, ahí aparece un problema ético que marca el estado de salud de cada sociedad, según como esté conectada con su memoria", explica Rodrigo Torres, musicólogo y coordinador del proyecto que durante el 2009 comenzará a estar disponible al público en la web (Catálogo Andrés Bello, SISIB) y en la nueva discoteca de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

El rescate de esta gran ausencia en las consideraciones patrimoniales, ¿responde a una necesidad de conocer nuestros orígenes; o de contar con un material para contraste, continuidad y construcción de futuro?

Yo ligo el tema de patrimonio como un elemento que debe ser funcional a la memoria de una comunidad -sociedad es una idea muy abstracta- para relacionarse con su pasado. Esa forma específica tiene un impacto político, en el sentido de polis, de cómo se organiza la vida, y no sólo es pasado sino también es un horizonte de expectativas.

Actualmente, existe un espacio digital creciente con dimensiones inconmensurables; que posibilita un acceso a la información con rangos inéditos en la historia de la humanidad, ¿cuál es el espesor de pasado de memoria que hay ahí y cómo se resuelve esa ecuación del pasado en el presente? Seguramente cuando la transformación tecnológica opere más cotidianamente, en el proceso que se evidencia van a cambiar las dimensiones y nociones de memoria y también las de patrimonio.

¿Cuál sería entonces el grosor del patrimonio musical?

El caso chileno es el de un país con un espesor leve respecto de lo musical y lo sonoro. Por ejemplo, los relatos históricos con los que se representa a sí mismo son relatos sordos. No tienen oídos. No está el sonido. No está la música. Y el sonido más que un acompañamiento es un espacio donde la vida se establece y se construye.

Recientemente ha surgido una visión que expande la conciencia de lo sónico, de lo musical, más allá de constatarla como mera banda sonora que acompaña la vida social. Su revalorización se enmarca en lo que la UNESCO viene fortaleciendo desde fines de los '8o bajo la noción de patrimonio cultural inmaterial. Chile ya lo adoptó como parte de una política de Estado, en una relación convergente con iniciativas del mundo privado.

Vivimos entonces en un tiempo de apertura a nuevos registros e interpretación de la música y de lo sonoro. En este sentido, hay creciente conciencia de que el canon de "arte" matrizada por la sociedad
decimonónica europea no abarca todo el espectro de la música y no debiera hacerlo.
Hoy hay que hablar de músicas en plural, y sin distinción apriorística de "mejor" o "peor".

Dos mundos en un universo musical

A juicio del musicólogo Rodrigo Torres, desde la década de 1930 y sobre todo desde 1940, la Universidad de Chile se constituyó en la base de un nuevo proyecto para la música y las artes en nuestro país, sustentada en una política de Estado específica que lo impulsó. Un ciclo histórico que estaría ya cerrado, y que generó una novedosa plataforma institucional para las artes, en la que participaron artistas exiliados o emigrados de la post guerra europea y que convergió hacia el fomento de la profesionalización de los artistas locales.
Una extensión artística que finalmente irradió generosamente al medio nacional.

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"Ahí se consolida una serie de reformas a las instituciones iniciada a fines de la década del '20, que luego ingresan como un todo a la Facultad de Bellas Artes (1931). La década de los "40 los refuerza a través del Instituto de Extensión Musical, que concentra la Orquesta Sinfónica de Chile, el Ballet Nacional Chileno, el Coro Sinfónico, un cuarteto de cuerdas, organismos profesionales que año a año realizaban sus temporadas artísticas de conciertos de música docta, en los que se incluyen los Festivales de Música Chilena realizados entre 1948 y 1969.

Orquesta Sinfónica de Chile
Director, David del Pino Klinge


Enrique Soro Barriga (1884-1954). Compositor y pedagogo chileno considerado uno de los músicos más destacados de su país. Nació en Concepción (Biobío) el 15 de julio de 1884 y comenzó sus estudios musicales con su padre, el compositor italiano José Soro.

 Más tarde, se trasladó a Italia para estudiar en el Conservatorio de Milán (1898-1904), donde se graduó con el Premio Extraordinario de Composición. Al año siguiente, regresó a Chile, y en 1906 comenzó a impartir clases de piano y composición en el Conservatorio Nacional, del que más tarde sería subdirector y director.

Así mismo, desde 1942 dirigió el Instituto de Extensión Musical. Obtuvo, entre otros, el primer premio de la Competición Panamericana de Composición (1912) y el Premio Nacional de las Artes Chilenas (1948). Falleció en Santiago el 3 de diciembre de 1954. De su producción musical, la mayoría basada en un estilo tradicional, destacan la Sinfonía romántica (1920), Preludios sinfónicos (1936) y Aires chilenos (1942), todas ellas para orquesta, tres sonatas para piano, además de numerosas piezas sueltas, obras de cámara y canciones.

Tres Aires Chilenos, 1942. Enrique Soro.
La pieza que aquí se presenta es el aire Nº 1, Allegro ma non troppo.
(Del álbum "Bicentenario de la Música Sinfónica Chilena", Vol. 1).



También se creó el Instituto de Investigaciones Musicales, que desde los años '40 registró en terreno nuestras músicas locales tradicionales. El registro grabado en cintas magnetofónicas de esta diversa y nutrida actividad institucional, se preservó en sendas colecciones de archivo que son las que ahora estamos procesando y articulando en una plataforma digital para disponerla próximamente a público general.

Los repertorios existentes pertenecen a dos mundos del universo musical chileno: el primero vincula la actividad de los conjuntos profesionales de música docta, entre 1948 y 1980 aproximadamente; mientras que el segundo es lo recopilado por el Instituto de Investigaciones Musicales a través de la pesquisa en terreno de manifestaciones musicales
populares y tradicionales de distintos lugares del territorio nacional".

¿Cuáles son algunos hitos de la primera colección, la de música docta?

Esta compilación abarca un extenso repertorio en el que hay obras de la gran tradición de la música de arte occidental, muchas de ellas en sus primeras interpretaciones en Chile; así mismo, están numerosas obras de nuestros compositores, desde Enrique Soro, Pedro Humberto Allende, la generación de Domingo Santa Cruz y otros poco conocidos, como Salvador Candiani y Roberto Puelma, hasta compositores recientes como Alejandro Guarello, Andrés Alcalde, Eduardo Cáceres.
En nuestro país se desconoce la enorme cantidad de música que ha sido creada por chilenos; sin dejar de mencionar las obras compuestas por integrantes de la diáspora de europeos que emigraron de sus países debido al nazismo. Es el caso, por ejemplo, de Hans Helfritz y Federico Heinlein.

Existen además grabaciones con las actuaciones de destacados intérpretes y directores europeos que entregaron mucho a estas nacientes agrupaciones musicales, y no solamente en términos técnicos sino por la mística musical que supieron traspasar a nuestro medio. Erich Kleiber, Fritz Busch, Hermann Scherchen y Jascha Horenstein, destacan entre otros directores. También intérpretes notables como Enrique Iniesta y Esteban Eitler. Todos ellos van a dar un sello contemporáneo al desarrollo de la Orquesta Sinfónica de Chile y del medio de la música de arte en nuestro país.

¿Y cuáles son las fortalezas de la segunda colección, la tradicional popular?

Esta colección es una puerta de acceso a un registro musical extraordinario. Es como la representación en estado de latencia de otro país musical, testimonios sonoros que constituyen una base fundamental aunque poco conocida y valorada de nuestra cultura.

En este archivo están repertoriados prácticamente todos los registros sonoros y músicas usadas en ceremonias religiosas o festejos comunitarios en el Norte Grande, Norte Chico, Isla de Pascua, Araucanía, Chiloé, y en celebraciones campesinas de todo el país.

Fundamentalmente son grabaciones realizadas en terreno por investigadores desde fines de los años '40 hasta los '8o. Se puede mencionar entre ellas las grabaciones que hicieron Jorge Urrutia Blondel, Ramón Campbell y Margot Loyola de músicas de Rapa Nui en la década del "6o. También las grabaciones de fiestas religiosas del Norte Grande, como La Tirana y otras, realizadas por Carlos Lavín, Manuel Dannemann, Raquel Barros, Ercilia Moreno Cha.

Un valor incomparable tiene el material que se conserva de los viajes de
recopilación que realizaban por el territorio destacadas folcloristas como Violeta Parra, Margot Loyola y Gabriela Pizarro.

La selección realizada, ¿aprovecha de darle una pincelada renovadora a intérpretes y directores olvidados como Joaquín Taulis?

Justamente el trabajo con estos archivos tiene, entre otras cosas, la posibilidad de hacer accesible un pedazo de nuestro pasado musical sin que esté necesariamente jerarquizado por los filtros de su época, teniendo presente sí que un archivo es, inevitablemente, una selección determinada por quienes organizaron sus colecciones.
En estos archivos de la Universidad de Chile hay efectivamente una muestra musical muy amplia pero que ha tenido un acceso restringido, preferentemente consultados por un circuito de especialistas.

Una vez que se ponga en funcionamiento el sistema de consulta de estos materiales a través de una plataforma digital, estarán a disposición de un público amplio y diverso.

La reorganización de los archivos patrimoniales del Centro de Documentación Musical asume la tradicional idea de acervo, la de crear patrimonio, y a la vez agrega la idea de la recepción. En el caso de la colección de Música Tradicional, hay un acervo acopiado en alrededor de 600 cintas, que estará disponible en primera instancia en el nuevo servidor de la discoteca de la Universidad de Chile.
Una vez pasada la barrera del copyright, una parte significativa de ella podrá escucharse remotamente desde cualquier computador. En el caso de la colección de música docta, que comprende un extenso repertorio de obras de nuestros compositores, el proceso de su consulta remota tomará otros plazos por las complejidades legales implicadas.

Si hay una política patrimonial que queremos desarrollar, es una que tiene como eje la noción de accesibilidad: un patrimonio no accesible no tiene resuelta su función social. Un archivo sólo estará completo cuando éste se multiplique en otras bibliotecas y esté en red con otros centros, rpc

Imágenes: 1) Bailes Nacionales, La Zamacueca, pintura de Bonaffe 1856. De la web Cantera de Sonidos. 2) Enrique Kalisky, compositor y concertista en guitarra. 3) El Banch de la U.Chile. 4) Sinfónica de Chile, interpretando un tema chileno de nuestro compositor Enrique Soro.

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