martes, 9 de mayo de 2017

Musica Popular Chilena, Parte 8.



Como la vida nos va poniendo por delante muchas inquietudes, y por la velocidad que estamos viviendo, no nos deja disfrutar de algunas, está para ustedes "Folclore y Cultura Chilena", urgeteando en los libros, en la web,  en conversaciones de amigos (salen temas buenos para hacer un articulo), y la lectura diaria a la cual estoy acostumbrado, busco lo interesante para mostrárselos a ustedes.

Y dentro de esto, apareció este curso-taller, dado por la Facultad de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Claro que este tema lo he publicado en otros artículos, pero vale la pena echar una lectura de este curso-taller, que nos motivará a complementar el tema tratado.
Los dejo con este artículo. 



PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
FACULTAD DE HISTORIA, GEOGRAFÍA Y CIENCIA POLÍTICA
PROGRAMA FORTALECIENDO VÍNCULOS ENTRE PROFESORES.

Curso - Taller:
¿CÓMO SE PIENSA Y SE ENSEÑA HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES EN EL SIGLO XXI?
Juan Pablo González y Claudio Rolle
Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950.
Ediciones Universidad Católica de Chile, 2004.

INTRODUCCIÓN
“¿Qué fabrica el historiador cuando ‘hace historia’? ¿En qué trabaja? ¿Qué produce?” se pregunta Michel De Certeau, agregando “¿Qué oficio es éste?”
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En estas precisas y punzantes preguntas radica parte esencial de la actividad de los historiadores y también uno de los ejes que atraviesa el libro que el lector tiene entre sus manos.(Nota de F.y C.Ch.:el libro a que se refiere es "Historia Social de la Música Popular en Chile, 1890-1950")
En él se establece un rasgo esencial del oficio de la historia, cual es la presencia de mediaciones que permiten la creación de vínculos y relaciones entre el mundo del presente y el territorio del pasado 1.
La historia como disciplina tiene precisas tareas que cumplir para con la sociedad que la cobija, entregándole memoria y rasgos de identidad, intentando explicar cómo hemos llegado a ser lo que somos, y ofreciendo pistas acerca de nuestras formas de ser y comportamientos presentes.
En este sentido, se trata de una disciplina fundamentalmente humanista, pues se interesa por los valores esenciales y distintivos del ser humano radicado en el tiempo y en el espacio, considerando su existencia en relación con los demás. Es asimismo esencialmente social en cuanto no puede tener existencia sin la colaboración de otros, sin la mediación de las fuentes que hacen posible el tránsito entre el presente y el pasado.

El trabajo del historiador, aunque sea aparentemente solitario, es siempre colectivo, pues se basa en los testimonios de las múltiples voces y vivencias de los protagonistas y testigos del acontecer en el tiempo, con los que construye su relato histórico 2.
En este libro, los testigos nos darán cuenta de la dimensión sonora del pasado, pocas veces considerada en las aproximaciones de la historiografía a la vida de la sociedades pasadas. Vivimos inmersos en un universo sonoro que condiciona nuestra existencia y sin embargo no concedemos la atención necesaria al mundo de los sonidos organizados -música- que nos rodea. Jacques Attali advierte que el saber occidental continúa, después de veinticinco siglos, tratando de ver el mundo, y
que no ha comprendido que el mundo no se mira sino que se oye, “no se lee, se escucha”, según señala.
Esta advertencia es particularmente pertinente para el ámbito de los historiadores y su devoción por la cultura escrita. Durante mucho tiempo se ha construido una historia atenta sólo a la razón, sin poner demasiado cuidado en la sensibilidad artística, y en los colores y sonidos del acontecer humano. Este libro espera contribuir a la reversión de esta tendencia 3.
klenso034.jpgEn los últimos decenios, los historiadores han descubierto las ricas posibilidades que ofrecen las fuentes musicales para la mejor comprensión de la historia y, en el caso de la música popular, se nos abre una atractiva ventana para conocer las formas de reaccionar de una sociedad frente a procesos y circunstancias históricas de cambios profundos y porfiadas continuidades. De este modo, los cambios políticos y económicos mundiales, los nuevos medios de comunicación y las trasformaciones en las practicas musicales, y los cambios de esfera de influencia cultural, nos dan claves de interpretación de y desde un patrimonio musical que ahora se propone como objeto de estudio.
Convencidos que la historia es una disciplina fragmentaria, conjetural, y propositiva, ofrecemos este texto como un eslabón de una cadena que esperamos sea cada vez más fuerte y prolongada en el rescate de experiencias humanas, de memoria y de escucha hacia el pasado.

La historia es una disciplina fragmentaria en cuanto el conocimiento del pasado se hace posible a través de fragmentos, pedazos e impresiones muchas veces regidos por el azar y que los historiadores recogen y estudian buscando significados posibles. Es conjetural, pues a través del ejercicio de la conjetura -juicio basado en los indicios o señales que se observan-, se establecen líneas de interpretación y comprensión de fenómenos históricos. Es propositiva, en cuanto se trata de un ordenamiento de los datos fragmentarios que, después de un riguroso y razonado análisis conjetural, se presentan como propuesta de cómo pudo haber sido el misterioso país del pasado.
Enfrentados a la tarea de hacer una historia de la música popular en Chile, podíamos haber asumido un enfoque estético, artístico, económico, tecnológico, biográfico o social como rector del
texto. La posibilidad de privilegiar la aproximación estética estuvo siempre presente, especialmente mediante las consideraciones que provienen del mundo de la musicología. Las presunciones estéticas se hacen perceptibles a lo largo del libro de diversas maneras: al establecer la categoría de clásicos de la música popular chilena, por ejemplo, cuyo repertorio tiene mayor tratamiento en el texto, estamos apoyándonos en juicios de valor más o menos compartidos. Lo mismo sucede con la
selección, disposición y análisis de materias y géneros musicales, que obedece a criterios de carácter prioritariamente estético.
292_img1.jpgUn enfoque artístico en la historia de la música supone el énfasis ya sea en la obra y sus circunstancias de creación, interpretación y recepción, o en los procesos composicionales que la producen, considerando las variaciones que dichos procesos experimentan a lo largo del tiempo. De este modo, interesa la aparición, desaparición y rescate de lenguajes y estilos, y la influencia de individualidades y de contextos sociales en estas transformaciones.

Debido a que en música popular la obra no está totalmente fijada en partitura, sino que se define como tal a través de su performance, el registro o reconstrucción sonora resulta vital para su análisis en cuanto a producto artístico, ahora definido no sólo por el compositor de la música y el autor de la letra, sino que, en importante medida, por sus intérpretes. En efecto, las variaciones que los procesos creativos en música popular experimentan a lo largo del tiempo, deben ser abordados paralelamente desde la perspectiva de la performance, a los que se suman el arreglo y las estrategias de producción.
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El énfasis en la economía y el desarrollo tecnológico también resulta relevante a la hora de escribir una historia de la música popular, dada la importancia de los medios y de la industria cultural en la propia concepción de una música masiva, moderna y mediatizada. De hecho, uno de los temas insoslayables a lo largo de este libro tiene que ver con el desarrollo tecnológico, con el crecimiento de los contactos y el intercambio internacional, y con las transformaciones que los medios imponen a los usos y costumbres del los habitantes de una nación.

Sin embargo, a pesar del valor y necesidad de los otros enfoques, ha sido nuestra intención hacer esencialmente una historia social de la música popular, sin renunciar a la dimensión estética ni artística que posee la música -en las que también se expresa la sociedad que la contiene-, ni las bases económicas y tecnológicas de su desarrollo. Nos interesa descubrir cómo una sociedad recibió, seleccionó, transformó, hizo suya y preservó determinadas propuestas musicales, cuáles fueron sus condiciones de producción y consumo durante más de medio siglo y cómo se construyeron sus posibles sentidos.

Nos interesa conocer a través del sonido a quienes compusieron, tocaron, bailaron y escucharon un repertorio que constituye un puente sensible entre nuestro tiempo y el transcurrido en el período que se extiende entre 1890 y 1950.
los_4_huasos.jpgEl enfoque histórico social supone utilizar una serie de conceptos de manera explicita o implícita, como rol social, clase, status, identidad, consumo y capital cultural, reciprocidad, poder, centro y periferia, mentalidad, ideología, género, comunicación y recepción, oralidad y cultura escrita, hegemonía, y mito. Estos conceptos constituyen herramientas interpretativas necesarias para abordar la función social de la música, sus aspectos de producción y consumo, y su participación en la
construcción de modos colectivos de percibir y reaccionar frente al mundo.

En definitiva, la historia social nos permite captar con relativa claridad muchos factores dinámicos que están siempre presentes en la vida de las sociedades. Los ejes de continuidad y cambio, de innovación y conservación, de tránsito de esferas de influencia y de inserción cultural, aparecen con mayor claridad y hacen más comprensibles los desafíos que supone el estudio de la música popular en el tiempo.

Esta historia social de la música popular en Chile corresponde a una formulación interpretativa que, fruto de años de investigación, tiene como rasgo característico el “proponer posibilidades de ordenamiento para los fragmentos que nos llegan del pasado, recurriendo a lo que los documentos nos dicen y a lo que no nos dicen, conjeturando sobre lo que pudo ser ese pasado que sólo conoceremos en una visión mediatizada y parcial, con mucho de ilusorio e incierto, fuertemente marcada por las emociones y los sentimientos, por las situaciones personales de tiempo y espacio” 4.
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El tema a tratar es inmenso y variado, elusivo en ocasiones, engañoso en otras, pero muy presente en la vida de la sociedad chilena del siglo XX. Queremos conocer esta sociedad recorriendo en el tiempo su práctica musical; el desarrollo de sus discursos y retóricas; y sus modos de decir y de callar, de sonar y de no hacerlo, pues los silencios de la historia suelen ser muy elocuentes. Cuando no tenemos registros de lo que podemos considerar como actividad musical, es legítimo probar vías
para inferir información indirecta de los silencios de las fuentes, conjeturando sobre la actividad musical de un pasado enmudecido.
Este libro se refiere a aquella música popular que puede ser historizada, es decir, que ha dejado registros e indicios, sean estos escritos, sonoros e iconográficos, evidentes o conjeturables, y que se conserva en la memoria de las personas. De este modo, nos hemos basado en un conjunto de fuentes de distinta naturaleza -impresas, grabadas y orales- que son puestas a dialogar entre ellas, generando un rico tejido polifónico para los ojos y oídos del historiador y del musicólogo 5.

Los impresos incluyen fuentes primarias -literarias, musicales, e iconográficas-, y secundarias, que corresponden a la bibliografía citada. La bibliografía está formada por textos teóricos, de referencia, monografías, biografías, ensayos, y novelas. Estos textos giran en torno a la historia, la sociedad, la cultura, y la música en Chile desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, y también sobre música popular de otros países americanos y europeos que ha tenido repercusión en Chile.
La literatura de ficción, en particular algunas novelas significativas del periodo tratado, nos dieron luces para captar la imagen de una época retratada indirectamente a través de sus tramas argumentales y descripciones de ambientes y personajes. De este modo, pudimos obtener impresiones, matices y sensaciones que son difíciles de conseguir de fuentes más convencionales, y si bien se trata de contribuciones que iluminan de manera genérica e imprecisa, donde no puede distinguirse con seguridad la ficción de la observación directa de una realidad, las utilizamos justamente por su voluntad de retratar costumbres y atmósferas de manera verosímil y plausible.
En el uso de estas y otras fuentes nos ha guiado la intención de hacer lo que Robert Darnton ha llamado “historia con espíritu etnográfico”, que define como el intento de explicar más cómo pensaba una época que lo que pensaba, y cómo construyó su mundo, le otorgó significados y le infundió emociones 6. Así pues la naturaleza de las fuentes empleadas es variada y resulta difícil establecer un patrón común para ellas. Sólo debemos señalar que no hemos descartado ningún tipo de registro
documental o fuente que nos aproxime al mundo de la música popular de la primera mitad del siglo XX, no obstante las diferencias cualitativas y cuantitativas de algunas de ellas.
Las fuentes primarias impresas están formadas por periódicos y revistas publicadas principalmente en Chile, algunas de ellas revisadas en forma exhaustiva y otras en base a muestreos entre 1902 y 1956; un centenar de memorias, crónicas, discursos, carnés de baile y textos de interés
institucional, comercial o técnico -anuarios, guías comerciales, boletines, catálogos, manuales, prospectos, programas, tratados-; y otro centenar de partituras y cancioneros -utilizados como fuente musical e histórica-; y abundantes fuentes iconográficas de época 7.
Desde que comenzó a desarrollarse una actividad musical pública, primero ligada a la escena y luego a la industria cultural, y fue adquiriendo importancia la prensa periódica, nos encontramos con referencias e informaciones musicales que surgen del registro de lo que a los habitantes del pasado les pareció digno y necesario de destacar. Editores musicales; constructores e importadores de instrumentos; promotores de conciertos, teatros y salones de baile; sellosdiscográficos; y almacenes y tiendas de música, necesitaban informar a sus consumidores de sus productos y estimular su demanda, publicando regularmente avisaje en la prensa escrita y en otros medios, como partituras, programas, catálogos, volantes y sobres de discos. Esta promoción musical de alcances masivos no habría sido posible sin el acelerado crecimiento que experimentaba el avisaje en la sociedad
occidental a comienzos del siglo XX, que encontraba en las fuentes impresas su principal medio difusor 8.
La información proporcionada por la prensa chilena durante la primera mitad del siglo XX permite también esbozar un mapa bastante completo del recorrido de la música popular y del baile social en Chile, según las decisiones de sus propios protagonistas, expresadas en anuncios, reportajes y críticas de músicos y música ligada a la escena, al salón y más tarde a la industria mediática.

Este discurso público sobre música popular posee una dimensión tanto informativa como explicativa, pues no sólo se contribuía a la promoción y al consumo musical, sino que a construir su significado y a satisfacer la necesidad de normativa de la sociedad de la época. De este modo, tanto los datos como las formas en que son presentados -o sus narrativas-, constituyen el foco de atención al acercarse a las publicaciones periódicas de época.

Del mismo modo que a través de la información de prensa no buscamos sólo conocer el mundo representado sino cómo era representado y percibido por los habitantes del pasado, a través de la iconografía y la música también queremos saber cómo se percibía el mundo. De esta forma, las fuentes visuales y sonoras nos hablan de sus contenidos y argumentos evidentes, pero también y de manera importante, de la visión -y audición- de quienes generaron y dieron forma a dichas fuentes 9.
Para indagar en torno a la música popular y el baile del pasado, es indispensable el estudio de una variada iconografía que comprende desde antiguas viñetas ilustrativas de periódicos, hasta fotografías de vida social, pasando por el amplio territorio de la publicidad, las fotografías de crónica periodística y de las secciones de espectáculos, las ilustraciones de manuales y catálogos, las portadas de partituras, y el cine de época y de reconstrucción histórica. En el libro se incluyen abundantes fotografías que se presentan como textos poseedores de distintos grados de elocuencia, que no sólo le otorgan un rostro al pasado, sino que nos hablan de ambientes, lugares, actitudes de músicos y público, uso de instrumentos musicales, desarrollo tecnológico, y estéticas de época.

Es evidente una dimensión voluntaria e incluso autoral en algunas de las fotografías, como también lo es la dimensión accidental e involuntaria que deja gran cantidad de registros sobre la continuidad y el cambio de un mundo representado por el proceso químico de estas fuentes. El uso de las fotografías contribuye a fortalecer la idea de proximidad con el mundo del pasado, produciendo lo que se ha llamado el “efecto realidad”, si bien como todas las fuentes, deben ser adecuadamente contextualizadas. Así mismo, las fuentes iconográficas junto a los manuales de baile, nos permiten
acceder a un territorio fundamental para la historia social de la música popular, pero a la vez menos tangible, como es el baile. Esta práctica social nos entrega poderosas señales de los cambios de mentalidad y sensibilidad como expresión de instancias de continuidad y permanencia en ciertos casos, o de transformaciones significativas en las formas de percibir el mundo, los valores, y la propia corporalidad.
La conservación de fuentes impresas en Chile, fomentada por una ley de depósito y una biblioteca nacional, contrasta dramáticamente con la conservación de fuentes sonoras y filmográficas.
La incorrecta aplicación en el país del depósito legal -que ha ignorado el soporte sonoro como patrimonio y fuente fundamental del siglo XX- no nos permite contar con una fonoteca nacional, carencia que ha sido compensada en parte por iniciativas académicas y de la propia industria
musical. De este modo, aportes públicos y privados han permitido la recuperación, digitalización, conservación y circulación de material fonográfico antiguo, de gran valor para el presente estudio.
La investigación generada por este libro ha permitido recuperar más de 400 grabaciones en discos de 78 rpm, que han sido digitalizadas a partir de su reproducción en aparatos sonoros de la época, y son conservadas en el Archivo de Música Popular de la Facultad de Artes de la Pontificia
Universidad Católica de Chile.

Así mismo, hemos accedido a repertorio popular de colecciones implementadas en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, la Universidad Católica de Valparaíso y la Biblioteca Nacional de Santiago, de coleccionistas privados de Santiago y Valparaíso, y hemos contado con remasterizaciones de discos antiguos -iniciadas en el país en 1962-, reconstrucciones de repertorio popular del pasado, compilaciones y recolecciones disponibles en el mercado discográfico nacional o producidos con aportes estatales. Estas grabaciones permiten acceder al resultado sonoro de las prácticas performativas de época, constituidas por modos de canto, interpretación, y arreglo desarrollados desde la década de 1910. 10.
La filmografía consultada corresponde a producciones chilenas, argentinas, mexicanas, estadounidenses, españolas y francesas de la época, junto a películas posteriores de reconstrucción histórica. Si bien esta filmografía no pudo ser revisada en su totalidad, la bibliografía y las
publicaciones periódicas nos permitieron acceder a los argumentos, elencos artísticos, imágenes, críticas, y publicidad de las películas referidas, y las ediciones discográficas y de partitura nos permitieron escuchar su música. 11.

 Al igual que con la literatura de ficción, el efecto ilusorio de las imágenes en movimiento se revela como una fuente de grandes posibilidades. El cine de los años treinta y cuarenta nos otorga el privilegio de acceder al mundo cotidiano y extraordinario de los habitantes del pasado y sus espacios públicos y privados, que se entrecruzan en imágenes y sonidos, los que, a través del filtro de un director, nos informan sobre prácticas, ocasiones y lugares para la música, el romance, la diversión, el baile y la socialización. Así mismo, el cine de reconstrucción histórica nos ofrece un trabajo de investigación que apela a los sentidos, el cual, a la luz de nuestras propias indagaciones, es sometido a escrutinio, pero que siempre nos sorprende al reunir una infinidad de detalles que se han perdido en el tiempo.
En el ámbito de la generación de fuentes, se debe considerar también la reconstrucción de un patrimonio musical antiguo realizado a través del montaje de dos conciertos teatrales: Del salón al cabaret. Música y baile de la belle époque chilena (2002), y Días de radio en Chile. Música y baile de 1940 (2003). En ambos montajes se ofreció una propuesta de interpretación de un periodo y de sus escenarios sociales; se recuperaron practicas preformativas, de arreglo musical, y de baile; y se reconstruyeron modos de comportamiento, gestualidad y vestuarios de época. 12.

 Este ejercicio de reconstrucción musical, resultó particularmente iluminador en la realización de este libro, sirviendo como una especie de laboratorio del que no se obtienen pruebas, sino posibilidades históricas, como propone Natalie Zemon Davis en torno a una experiencia similar en el campo de la historiografía y el cine. Esta reconstrucción abre una vía atractiva para los estudios histórico-musicológicos al hacer posible la puesta a prueba de nuevos instrumentos críticos y plantear de manera innovadora y abierta al gran público dimensiones y problemas de la investigación académica. 13.
(Nota F. y C.Ch.: este editor asistió a una de estas presentaciones, "Una noche en el Goyescas", la música y el entorno de esa época, mostrado magistralmente, ya tendremos la música y otros en estas páginas.)
“La reconstrucción de mundos es una de las tareas más importantes del historiador. Éste emprende dicha tarea no por un extraño impulso que lo lleva a bucear en los archivos y a mirar papeles viejos sino por que quiere conversar con los muertos. Interrogando los documentos y escuchando las respuestas puede sondear las almas de los que ya han pasado de este mundo y dar forma a las sociedades que ellos habitaron” señala Robert Darnton, quien añade que “si interrumpiésemos todo contacto con los mundos que hemos perdido, estaremos condenados a vivir en un presente bidimensional, convertido en una jaula temporal y nuestro propio mundo se achataría”14. Estas consideraciones nos han acompañado en el esfuerzo de investigación que ha supuesto este libro y han estado presentes al momento de establecer las formas de trabajo con las fuentes, toda vez que hemos buscado subrayar la orientación de nuestro estudio en el ámbito de la historia social de la música popular.
 Fue la riqueza de esta diversidad de fuentes la que nos permitió realizar el viaje a la sociedad chilena del pasado, teniendo en cuenta las dificultades que este tipo de documentos proponen a sus intérpretes. La naturaleza múltiple del baile y de la canción, objetos centrales de este estudio, que combinan texto, música, coreografía, arreglo, interpretación, grabación, y sus condiciones de circulación, conservación y accesibilidad, genera diversos niveles de significación. Se producen así referencias cruzadas, formas de influencia e intercambio más o menos velados, y se deben inferir significados que en un tiempo eran evidentes y que a muchos años de distancia pueden resultar crípticos, como sucede también, por ejemplo, con la historia del humor. 15.
Las fuentes primarias constituyen un pasaporte hacia una cultura, entendiendo cultura como un sistema de significados, actitudes y valores compartidos, junto a las formas simbólicas a través de las cuales éstos se expresan y traducen, que nos es próxima y lejana a la vez. Se trata de expresiones que nacieron en épocas con sensibilidades distintas a las nuestras y que no buscaron documentar un determinado momento para los investigadores del futuro, sino más bien comunicar, seducir, y
emocionar, convirtiéndose en testigos involuntarios de las vidas de mujeres y hombres de Chile a lo largo del tiempo. Justamente por su carácter involuntario, por su preocupación por lo inmediato y urgente, este tipo de fuentes resultan singularmente expresivas del sentir de una época, ofreciéndonos el privilegio de compartir emociones e invitándonos a imaginar sensiblemente un mundo que ya no existe, pero que ha dejado su indeleble huella en el presente.
La historia se rehace e interpreta constantemente y día a día hacemos descubrimientos nuevos acerca de aspectos del acontecer a los que no habíamos prestado atención previamente, y cada generación -en rigor cada historiador- mira con su óptica particular documentos y fuentes, por lo cual la disciplina de la indagación e interpretación del pasado es en algún modo inagotable. En este ejercicio (re)interpretativo sólo sabemos con certeza que conocemos muy poco del territorio del pasado. Cada día nos damos cuenta que nuestra interpretación se basa en aproximaciones razonadas y críticas, con voluntad indagadora, rigor, y con ánimo de comprender los por qué de los acontecimientos humanos, pero también sabemos que estamos lejos de las certezas absolutas.

Por ello puede suceder que existan interpretaciones dispares, incluso antagónicas, y sin embargo válidas de un mismo fenómeno. Así pues lo que se presenta como historia es la propuesta interpretativa de quienes, con rigor y dedicación, han investigado ese pasado estableciendo un vínculo con seres que ya no están, y posibilitando una forma de intercambio social que va más allá de las edades y la muerte.
Con este trabajo se quiere hacer un aporte a la valoración y recuperación de un patrimonio hasta ahora conservado con un halo de descuido o con tonos marginales, reestableciendo elementos importantes para la memoria común de la experiencia histórica del siglo XX chileno. Debido a que la tarea del historiador es la de hacer comprensible al otro, traduciendo otras sociedades a las lenguas de nuestro tiempo, se ha hecho un esfuerzo por hacer comprensible y próximo el mundo ya ido de los seis decenios que se inician con la guerra civil de 1891 y terminan con la convencional mitad del siguiente siglo.
El libro está dividido en 8 capítulos y 34 sub-capítulos, contiene 350 ilustraciones de época, un amplio listado de fuentes escritas, visuales, audiovisuales, orales y sonoras, y un disco compacto con 26 grabaciones originales de música que circulaba en Chile entre las décadas de 1910 y 1950. Estas grabaciones ejemplifican aspectos abordados en el texto y son referidas en nota a pie de página. Los capítulos están ordenados según criterios cronológicos y temáticos, de modo que el lector recorre
porciones del período 1890-1950 en varias oportunidades, pero sumando la información de los recorridos anteriores, en una progresión más ligada a la figura de la espiral que al progreso lineal.

El ordenamiento cronológico enfatiza el concepto de década -como la Década del Centenario o los “locos años veinte”-, debido que en música y cultura popular urbana las décadas han marcado cambios y contrastes significativos a lo largo de todo el siglo XX. Otros hitos cronológicos no menos importantes lo constituyen los momentos de agitación social tanto internos como externos, en este caso la revolución de 1891, la crisis del sistema parlamentario de 1925, el gobierno de Carlos Ibáñez, la crisis derivada de su caída en 1931, y las dos guerras mundiales.

 Así mismo, la industria musical aporta sus propios hitos, ligados a la masificación de la cultura popular asistida por la invención técnica y la iniciativa empresarial, y la música entrega los suyos, vinculados a la aparición, desaparición y rescate de géneros musicales y estilos interpretativos, y a la carrera artística de los músicos más significativos. Desde el punto de vista temático, los capítulos se articulan en torno a seis grandes ejes de la historia social de la música popular en Chile en la primera mitad del siglo XX: el espacio privado y público; la industria musical; los géneros musicales y escénico-musicales; la masificación del folklore; la influencia extranjera; y el baile social.
El orden y tratamiento temático del libro se basa en la premisa de la existencia de vínculos entre la música popular practicada en Chile durante la primera mitad del siglo XX con la historia social de ese período. De este modo, el texto se organiza considerando los fenómenos de modernización, persistencia del antiguo orden, democratización del consumo, y masificación social ocurridos en Chile entre 1890 y 1950 en el mundo burgués, obrero, y mesocrático, en el espacio público y privado, y en las relaciones entre estos mundos y los espacios sociales.

Además, se parte de la idea que una nación que tradicionalmente se ha considerado a sí misma pobre, aislada, y lejana como es Chile, ha condicionado tanto el carácter y comportamiento de sus habitantes como sus formas de práctica y consumo musical. Sobre estas premisas histórico-sociales, se aborda la historia social de la música popular en Chile, considerando géneros -o especies-, prácticas musicales y estilos compositivos e interpretativos; los músicos nacionales y extranjeros que produjeron este repertorio; la industria que posibilitó la producción y circulación de dicho repertorio; los lugares y ocasiones en que esta música fue practicada; el uso que le brindó el público; y sus procesos de significación y transformación cultural y artística.
Para hacer accesible el texto a personas que no leen música, se ha prescindido de la reproducción de partituras. Sin embargo, ha sido necesario utilizar terminología y notación musical para referirnos a fenómenos rítmicos, melódicos, armónicos, estructurales, tímbricos, expresivos y performativos que caracterizan el amplio repertorio abordado. Si bien no se trata de un libro que se dedique a estudiar el desarrollo del lenguaje y del estilo de la música popular de la primera mitad del siglo XX, sino que más bien sus modos de uso, formas de circulación y construcciones de significado, los géneros musicales son caracterizados musical y coreográficamente, como así mismo se consideran algunos rasgos estilísticos de la producción musical de los compositores e intérpretes abordados. El disco compacto que acompaña el texto sustituye las descripciones y reducciones notacionales de la música, complementando la lectura con la audición, guiada por comentarios analíticos incluidos en el texto y en las notas a pie de página. Para ampliar este procedimiento, también se entregan referencias de grabaciones editadas en Chile entre 1965 y 2004, disponibles en archivos públicos y en el mercado, que corresponden a versiones, reconstrucciones y remastertizaciones de repertorio abordado en este libro, citadas en la discografía.
La intensidad de la actividad musical popular y su constante exposición a influencias externas, hacen que este texto contenga una nutrida información sobre músicos, lugares, medios, y géneros musicales de distinta procedencia. De este modo, en sus páginas se exponen antecedentes biográficos de varios músicos populares chilenos, pero también de los principales músicos extranjeros que actuaron en Chile durante la primera mitad del siglo XX. Estos antecedentes no sólo apuntan a completar sus biografías con su paso por Chile, sino que a reconstruir el entramado social y artístico que permitió el cultivo de la música popular en el país.
Del mismo modo que la primera bibliografía musical publicada en Chile en 1898, incluye composiciones impresas en el país tanto de músicos chilenos como extranjeros, es decir, define su campo más por la producción, circulación y consumo musical al interior de una sociedad que por el origen del repertorio cultivado, este libro se refiere a la música popular en Chile más que a la música popular chilena. Desde una perspectiva histórico-social, ambas alternativas pueden resultar la misma, pues finalmente la música es de quien la usa, como dirá Gustavo Becerra, es decir, música popular chilena será aquella seleccionada, apropiada, practicada y, en este proceso, resignificada por el chileno, venga del campo o de la ciudad, del país o del extranjero. 16.

Un libro como éste no habría sido posible sin la generosa contribución de una serie de investigadores, tesistas, y ayudantes que han participado activamente no sólo en la recolección de datos, sino que en algunos casos, también en su análisis. Estos son: Christian Spencer, César Albornoz, Rodrigo Sandoval, María Isabel Quevedo, Agustín Ruiz, y Alejandro Vera, las tesistas Cristina Rivera, Gloria Aravena, y Andrea Orellana, y Hugo Castillo en las fotografías. Mención aparte merecen Luis Advis y Pedro Mesías, quienes reconstruyeron repertorio popular practicado en Chile entre 1910 y 1940 según procedimientos de época, el que fue montado, grabado y estudiado.

Durante la investigación, intercambiamos información y puntos de vista con miembros de la Rama Latinoamericana de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular, IASPM-LA, y de la Asociación Argentina de Musicología, AAM, que han sido recogidos en este libro. El manuscrito fue leído por Luis Advis, Oscar Ohlsen y Agustín Ruiz, cuyas miradas agudas y consistentes contribuyeron a pulir imperfecciones y llenar lagunas, pero también permitieron establecer un enriquecedor diálogo en torno a la historia social de la música popular en Chile.
La investigación conducente a la realización de este libro fue auspiciada por FONDECYT, patrocinada por el Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Programa de Estudios Histórico Musicológicos de la misma universidad, y contó con la colaboración de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor.
Notas.
1 “Me interrogo sobre la relación enigmática que sostengo con la sociedad presente y con la muerte gracias a la mediación de unas actividades técnicas”, señala Certau, 1994: 31. Jules Michelet había escrito más de un siglo antes que “La historia acoge y renueva estas pasadas glorias; confiere nueva vida a estos muertos, los resucita.
Su justicia asocia así a los que no fueron contemporáneos, otorga una reparación a varios que habían aparecido sólo un momento para desaparecer. Viven ahora con nosotros de modo que sentimos a sus padres y amigos: Así se forma una familia, una ciudad común entre los vivos y los muertos”. En Schama, 1990.
2 “Los historiadores dependen en importante medida de lo que otros han querido registrar, conservar, memorizar y también de lo que las mujeres y los hombres del pasado han deseado olvidar, borrar, silenciar. Es
parte del oficio del historiador trabajar con los silencios, con las palabras no dichas, con las palabras dichas y no registradas, con las palabras dichas y consideradas triviales, con los gestos, los ademanes y los sueños”.
Ver González y Rolle, 2000: 313.
3 Ver Attali, 1995: 11.
4 Ver González y Rolle, 2000.
5 Las fuentes orales utilizadas corresponden a entrevistas y conversaciones realizadas entre 1999 y 2004 con
músicos, investigadores, productores y público en Santiago, San Antonio, Valparaíso, Viña del Mar, Arica,
Iquique, Talca, Chillán, Angol, Punta Arenas, Mendoza, Buenos Aires, Montevideo y Madrid. Utilizadas con las
debidas consideraciones críticas, estas entrevistas han servido para confrontar versiones de un mismo
fenómeno o para iluminar aspectos oscuros de las practicas del pasado.
6 Darnton explica que su forma de hacer historia “podría llamarse historia cultural, porque trata nuestra
civilización de la misma manera como los antropólogos estudian las culturas extranjeras: es historia con espíritu
etnográfico”, añadiendo más adelante “donde el historiador de las ideas investiga la filiación del pensamiento
formal de los filósofos, el historiador etnográfico estudia la manera como la gente común entiende el mundo”.
Ver Darnton, 1987: 11.
7 Las publicaciones periódicas fueron consultadas en la Biblioteca Nacional de Santiago (BN), en la Biblioteca
Severín de Valparaíso, y en bibliotecas de Iquique, Chillán, Concepción, y Punta Arenas. También se revisó la
colección de carnés de baile del Museo Histórico Nacional (MHN); se consultaron cerca de 7.000 partituras
conservadas en la Biblioteca Nacional de Santiago, en el Archivo de Música Popular Chilena de la Facultad de
Artes de la Universidad Católica de Chile (AMPUC), y en el Fondo Margot Loyola de la Universidad Católica de
Valparaíso (FML); y se realizaron unas 600 fotografías y digitalizaciones de fuentes iconográficas referidas en la
bibliografía.
8 Más sobre publicidad de música popular en Dave Laing en Shepherd, 2003, 1: 530-532.
9 Esto se hace evidente en la adopción de determinadas convenciones y códigos que la fotografía del mundo
del espectáculo teatral y musical utiliza con frecuencia, estableciendo, por ejemplo, determinadas poses y
gestos como característicos de la incipiente estrella, con consideraciones diferentes según el genero musical
que se cultive. Ver Peter Burke, 2001.
10 Son destacables las remasterizaciones de grabaciones chilenas de RCA Victor de las décadas de 1940 y
1950 realizadas desde fines de los años noventa por el sello ARCI Music y distribuidas por Warner Music Chile.
Hay que destacar también las colecciones de Juan Astica, Oscar López, y Sergio Castillo en Santiago, y de
Héctor Muñoz en Valparaíso. Juan Marino habría sido quien inició en Santiago en 1962 el rescate y traspaso de
discos de 78 rpm al formato LP, difundiéndolos en su programa radial El discjockey del recuerdo.
11 Parte de la filmografía chilena fue vista en la Fundación Chilena de las Imágenes en Movimiento (FCIM),
donde también se tomaron algunas fotografías. El resto de las películas chilenas y extranjeras se obtuvieron de
empresas comerciales de arriendo y venta de videos en Santiago: Blockbuster, Video Manquehue, y Westcoast
Motion Pictures.
12 Estos conciertos teatrales fueron realizados en Santiago por el Instituto de Música de la Universidad Católica
de Chile y contaron con arreglos de Luis Advis y Pedro Mesías, libretos de Inés Stranger, coreografía de
Francisca Infante, gestualidad de Soledad Henríquez, vestuario y escenografía de Pedro Torres, dirección
teatral y musical de Miguel Angel Jiménez, y musicología y producción de Juan Pablo González.
13 Luego de participar en la filmación de El regreso de Martin Guerre, ambientada en Francia en el siglo XVI,
Natalie Zemon Davis publicó su obra homónima. “Escribir para los actores y no para los lectores me planteaba
problemas nuevos sobre las motivaciones que podía tener la gente en el siglo XVI [...] Tenía la sensación de
poseer un laboratorio histórico personal del que no obtenía pruebas, sino posibilidades históricas”. Ver Zemon
Davis, 1984: XII.
14 Darnton, 1990: 7.
15 Ver Peroni, 2001: capítulo 1.
16 Ver Becerra en Foxley, 1988: 38.
Fotografías: 1) Portada del Libro " Historia Social de la Música Popular en Chile, 1890-1950". 2) Dibujos de aparatos para escuchar música, cuando existían discos de cilindro. del libro "Los discos 78 de Música Popular Chilena", pág.9. 3) Dibujo de la marca Klenso, detergente para limpiar loza (años 50) 4) Fotografía de la Portada del Libro de Antonio Larrea, "33 1/3 RPM, Antonio Larrea". Autor de la ilustración. 5) Aires tradicionales y folklóricos de Chile, carátula de sobre disco RCA Victor, (1944). 6) Los Cuatro Huasos.7) Conjunto Ancahual. Actuando en Radio Corporación, el 22 de marzo de 1964. De izquierda a derecha, atrás: Clemente Izurieta, Ruperto Bustos, Edgar Monett. Sentadas: Georgina Vargas, Carmen Hernández, Sonia Antolisei y María Cristina Felip. Fotografía de su sitio web.