sábado, 27 de mayo de 2017

Música Popular Chilena. Parte 12.

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Nuestro tema de "Música Popular Chilena" va en el capítulo 12, y tenemos material para muchos más. Acá encontrarán los escritos de todos nuestros músicos, escritores, intérpretes, cantores, compositores y todas las personas que tengan un vínculo y tengan algo que decir de nuestra música popular y folclórica.

Seguimos hoy con una persona muy querida por todos nosotros, sirvan estos textos, que aparecen en el libro Ricardo García, Una obra trascendente, para homenajear a esta gran persona, que nos enseñó la riqueza de nuestra música y que fué una luz de dignidad y coraje en tiempos de dictadura, defendiendo la musica chilena y latinoamericana, lo dice José Osorio, que recopiló los escritos de Ricardo García.



Acompañaremos estos textos, con el disco Long Play "La Gran noche del Folklore", editado por el Sello Alerce, de Ricardo García, grabado originalmente en el Teatro Caupolicán de Santiago con la conducción del mismo Ricardo (1977). Así recordaremos su voz y su fuerza en esos momentos en que todos estabamos complicados con la dictadura militar en nuestro país.

Los dejo con Ricardo García...

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Cantar de Nuevo
(Publicación española "ChüeVioe")


"Canto que ha sido valiente siempre será canción nueva".
Víctor Jara

No era fácil cantar en 1974.

A escasos meses del golpe militar, los nombres de Violeta Parra, Víctor Jara o Quilapayún habían sido borrados de las programaciones radiales y televisivas.

El "sonido" de quenas, charangos y zamponas, identificados con el régimen anterior, era casi un tabú.
La imposición de un nuevo orden económico, que exigía la destrucción de toda organización laboral o estudiantil anterior a la Junta Militar, hacían imposible cualquier intento de organización en el ámbito cultural.



A pesar de todo, como suele ocurrir, las voces e instrumentos vuelven a encontrar su cauce normal. Y poco a poco, bajo el miedo, haciéndole el quite a los soplones, los jóvenes músicos y cantores populares comienzan a formar grupos, a intentar pequeños recitales, actos culturales, vuelven a darle el sentido que la música y el canto tienen en nuestra América.

Es así este continente. La música folklórica, curiosidad y objeto de estudio en otras latitudes, se convierte en América Latina en vertiente de expresiones artísticas que participan en la marcha de los cambios sociales.

Eso explica, en buena medida, las prohibiciones, las dificultades y tropiezos de los intérpretes del llamado "Canto Nuevo" y que no es sino un modo diferente de llamar a la "Nueva Canción Chilena".
Los intentos por definir estos términos son inútiles si no se tiene presente que "la nueva canción" representa simplemente el tipo de canción marginal, en el buen sentido de la palabra, una producción artística que escapa a los moldes del producto industrializado y destinado al consumo.

"El cautivo de Til Til", Aquelarre (de Patricio Manns).



En América latina esta canción marginal adquiere una connotación mas fuerte en cuanto a su sentido político o ideológico. "El cantor popular -dice Mercedes Sosa en una entrevista-, en ausencia de auténticos representantes del pueblo, ante una carencia de canales normales de expresión, es obligado muchas veces a asumir responsabilidades tremendas frente a un pueblo que lo convierte en símbolo y que le exige respuestas frente a cuestiones que habitualmente deben entregar los políticos".

Hablamos de un continente sometido a una dependencia económica y cultural, que en los años sesenta se ve sacudido por la revolución cubana, los diversos movimientos de reformas sociales (en Chile se vive la Revolución en Libertad liderada por Eduardo Frei) y por una constante agresión del imperialismo norteamericano. Más tarde, la aplicación de la doctrina de seguridad nacional conduce a una era de gobiernos militares. Es en este contexto, después del 73, donde el Canto Nuevo asoma con un perfil que encierra remembranzas de los nombres prohibidos y horizontes de una poesía nueva y vital.

Con o sin posiciones ideológicas definidas, pero evidentemente muy lejos de los centros de poder, asumiendo en forma natural su marginalidad (difícil y hasta peligrosa a veces), la historia del CN es una sucesión de hechos artístico-culturales dotados de una vigorosa connotación de oposición al sistema; sometidos a una cadena de agresiones y represiones que son comunes a las vividas en otros países de nuestra América o en España bajo el régimen anterior. (Las experiencias de Raimon y otros cantautores españoles son muy similares.)

En 1976 surge el sello Alerce, una aventura iniciada junto a Carlos Necochea, periodista y ex integrante de un grupo folklórico. Sin capitales, pero con la decisión de recoger la expresión de una generación nueva, y a la vez rescatar lo que algunos llaman "la memoria del pueblo", Alerce comienza una tarea de grabaciones y organiza al mismo tiempo festivales en el teatro mas grande de Santiago.


Allí participan Santiago del Nuevo Extremo, Osvaldo Torres, Chamal, Eduardo Peralta, Ortiga, Cantierra, Abril, junto a folkloristas, actores y poetas. Estos festivales son aleros para un reencuentro, una forma de decirse "estamos juntos"; es un momento en que no hay otra instancia de reunión.
Adquieren entonces, lo mismo que las "peñas folklóricas", una significación de fiesta musical y mitin político.

Cuando Aquelarre canta "El cautivo de Til Til", de Patricio Manns, y menciona la palabra "libertad", el público estalla en aplausos. Aplaudir el nombre de Víctor Jara es saludar en el a millares de militantes desaparecidos. Aplaudir los nombres de Quilapayún, Isabel Parra o Intí Ulimani es pedir a viva voz el fin del exilio para millares de compatriotas.

Así como la Nueva Canción Chilena no se definió como un movimiento exclusivamente generacional, así también el Canto Nuevo acoge igualmente a intérpretes y compositores que provienen de anteriores etapas: Pedro Yáñez, Eduardo Gatti, Nano Acevedo, Eduardo Yáñez, aportan su experiencia y sus talentos. Carente de una infraestructura de apoyo (que sí la tuvo la Nueva Canción), el Canto Nuevo obliga a cada intérprete a sobrevivir como le sea posible.

"No nos dábamos cuenta -dice un interprete popular- del riesgo que corríamos... Cada acto cultural podía ser prohibido, clausurada la sala, salvo que fuera un salón parroquial, y nos reíamos de los agentes de seguridad que concurrían para 'informar'. Y, sin embargo, ocurrían cosas: a nuestro alrededor, te hablo de los años 76 al 78, amigos nuestros eran golpeados, secuestrados, desaparecían..."

El drama de los desaparecidos y la organización de las mujeres para denunciar el problema inspira a Osvaldo Torres la cantata popular "La vigilia"; el año de los Derechos Humanos se celebra con la participación de artistas de diferentes disciplinas: Ángel Guarcllo, Esteban Gumucio y Juan Carlos García componen la "Cantata de los Derechos Humanos", en la cual participan importantes músicos y actores.

Los años siguientes son de cambios profundos en la vida social chilena. El llamado "boom" económico motiva un nuevo estilo de vida que lleva a dorados sueños de bienestar. El despertar trae una realidad angustiosa. En el CN se ha producido una nueva atmósfera.

Ya no basta invocar la palabra "libertad", ahora existe una exigencia artística cada vez mayor. La expresión política va encontrando sus cauces mas naturales. En 1983 las "protestas" y las primeras huelgas revelan una actividad política que traerá muchos cambios.

De existencia casi "underground", el CN descubre nuevas posibilidades al abrirse diferentes puertas para acceder a los medios de comunicación masivos. Reconocido, finalmente, como un movimiento imposible de ignorar, el CN es aplaudido o vilipendiado en la prensa. La TV da cabida, ocasionalmente, a algunos de sus intérpretes. Otros, hasta participan en los festivales de Viña del Mar.

"Canción de amor", Wampara (de Angel Parra).



En encuestas del diario "El Mercurio", la juventud señala entre sus favoritos a Santiago del Nuevo Extremo, Serrat y Silvio Rodríguez. Un periodista llama a Isabel Aldunate "la musa del Canto Nuevo". Ella está presente en actos solidarios, concurre a la llamada de estudiantes o pobladores, y su canto expresa ternuras o dolores.

Discutido y combatido, el Canto Nuevo ahí está, como la puerta de Alcalá.

Fue inútil que los medios oficiales desataran una ofensiva que pudo confundir a muchos. Se trató de despolitizar el nombre utilizando otros semejantes, se apoyó decididamente a quienes, como jóvenes cantautores, ofrecieran un canto menos comprometido. Una pequeña batalla ideológica que se da constantemente a través de los medios.

Entre 1976 y 1980, y sólo en Santiago, existían mas de 62 organizaciones culturales. Casi 500 conjuntos de aficionados en las poblaciones de Santiago.
"A la búsqueda de formas musicales renovadoras, y al deseo de conseguir una ejecución técnicamente impecable, se agrega, en el CN, la voluntad de elaborar textos de mayor altura poética, caracterizándose más por su sentido metafórico que por la denuncia directa", opina un periodista de "Le Monde".

¿Cuál es el desafío actual, en el plano creativo?

Los años ochenta traen la proliferación de los video-clips en la TV, y una fuerte presencia del rock argentino en el lenguaje musical de la generación reciente. El rock es na turalmente contestatario. Y en Chile ha tenido siempre un papel relevante; sus máximos exponentes han sido «Los Jaivas» y «Congreso».

Si bien el rock parece por un momento desplazar toda otra música, va derivando en formas de consumo masivo juvenil sin mayor objetivo que la diversión y banalizando sus temas; cuanto mayor es su banalización, mayor es el apoyo oficial a estos grupos.

El Canto Nuevo coexiste pacíficamente. Recitales del dúo Schwenke Nilo, Eduardo Peralta o Amauta tienen suficiente atractivo como para llenar los pequeños recintos donde el CN se cobija cada fin de semana.

Nuevos nombres se suman a los ya conocidos: Cristina González mezcla su afición al jazz con su fuerza creadora. Amauta o Napalé buscan nuevas armonías para su canto; Juan Carlos Pérez continúa su labor de cantautor.

"La Nave", Chamal (Recop. Héctor Pavez).




Otros creadores incorporan elementos rock a su quehacer, sin perder identidad. Lo hace Santiago Feliú en Cuba, como lo hacen otros cantautores en otros países. El rock puede enriquecer con su vitalidad al CN, sin alterar sus contenidos.

Y llámese CN o Nueva Canción o Canto Joven, la canción marginal continúa cumpliendo su tarea en la dirección que le corresponde: junto a las esperanzas de su pueblo.
El disco "La gran noche del folklore", lo pueden encontrar en las disquerías de la plaza, ahora en CD.