domingo, 1 de enero de 2017

Pablo Neruda. Biografía por Hernán del Solar. Parte 7.



Este 12 de Julio de 2012, se cumplen 108 años del nacimiento de Pablo Neruda, y este acontecimiento no podía dejarlo pasar, así que ¡¡ aquí estamos !!, con nuestro vate y su biografía, escrita por Hernán del Solar, escritor como el y nos relata su biografía, escrita en un libro de "Premios Nacionales de Literatura", de la editorial Nascimento, del año 1975.



PABLO NERUDA
1945. Recibió el Premio Nacional de Literatura.

Los que necesitan una opinión extranjera para orientarse por el camino de la grandeza de Pablo Neruda, aquí tienen unas palabras de Federico García Lorca: "Al lado de la prodigiosa voz del siempre maestro Rubén Darío y de la extravagante, adorable, arrebatadoramente cursi y
fosforescente voz de Herrera y Reissig, y del gemido del uruguayo y nunca francés Conde de Lautréamont, cuyo canto llena de horror la madrugada del adolescente, la poesía de Pablo Neruda se levanta con un tono nunca igualado en América, de pasión, de ternura y de sinceridad".

Agrega poco después: "Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoverse con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir".

Dos cosas importan aquí al involuntariamente extraviado: el reconocimiento de una gran poesía y el consejo de cómo hay que acercarse a ella con espontánea simpatía, para que sus puertas se abran de par en par.

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 Nació el 12 de julio de 1904, en Parral, hijo de losé del Carmen Reyes y Rosa Basoalto.

 Pasó, con su familia, muy pequeño aún, a Temuco. A los catorce años dirigió ahí la página literaria de La Mañana. La atmósfera de su infancia le ha acompañado siempre en sus viajes por el mundo
y nos la hace respirar a menudo en sus libros.

Escuchémosle:

"Yo nací —escribe— el año 1904 y antes de 1914 comencé a escribir allí mis primeras poesías. Los largos inviernos del Sur se metieron hasta en las médulas de mi alma, y me han acompañado por la tierra. Para escribir me hacían falta el vuelo de la lluvia sobre los techos, las alas huracanadas que vienen de la costa y golpean los pueblos y montañas, y ese renacer de cada mañana, cuando el hombre y sus animales, su casa y sus sueños, han estado entregados durante la noche a una potencia extraña silbadora y terrible.

Para escribir también me hicieron falta por el mundo las goteras. Las goteras son el piano de mi infancia. Mi padre siempre hablaba de comprar un piano que, además de permitir a mis tías tocar mi adorable vals Sobre las olas, pondría sobre nuestra familia ese título, inexpresablemente distinguido que da la frase: "tienen piano".

Mi padre, en los momentos que le dejaba libre su vida de movilidad perpetua, porque era conductor de trenes, llegaba hasta medir las puertas por donde iba a pasar aquel piano que nunca llegó. Pero el gran piano de las goteras duraba todo el invierno. A la primera lluvia se descubrían nuevas goteras de voz dulce que acompañaban a las viejas goteras. Mi madre repartía sus cacharros, lavatorios, jarros lecheros y otros artefactos.

Cada uno daba un sonido distinto, a cada uno le llegaba del cielo tempestuoso un mensaje diferente, y yo distinguía el sonido claro de un lavatorio de fierro enlazado del opaco y amargo de un balde abollado. Esa es casi toda la música, el piano de mi infancia, y sus notas, digamos sus goteras, me han acompañado donde me ha locado vivir, cayendo sobre mi corazón y sobie mi poesía".

 En 1920 viene a Santiago, ingresa al Instituto Pedagógico, dispuesto a estudiar francés, pero llega sólo hasta el tercer año. Hace clases en el Liceo Nocturno Federico Hanssen. Escribe en Claridad y comienza a distinguirse como poeta de muy alta categoría, que todos celebran con admiración cuando aparece, en 1923, Crepusculario. En 1927 se le designa cónsul en Rangún, capital de Birmania.

Viaja por el Oriente. Va a Europa y se halla en Madrid cuandó estalla la guerra civil española. Al cabo de un tiempo se le nombra cónsul general en México. A su regreso al país es elegido senador por las provincias del Norte, y pierde su investidura por desafuero.

En 1945 se le otorga el Premio Nacional de Literatura. En 1949, el Premio Stalin. Y en 1971, el Premio Nobel.



Cuando está en su país, vive en Santiago, Valparaíso o Isla Negra (foto).
Viaja de continuo y es un trabajador formidable. Sus enemigos son numerosos; sus amigos y admiradores le rodean con el más leal de los afectos. En estas líneas sólo hemos esbozado muy rápidamente sus actividades y creemos que para juzgarle con ecuanimidad hace falta que
transcurra el tiempo. Hombre apasionado, promueve exaltaciones y los juicios que van a su encuentro son enconadas catapultas o incienso de devocionario.

Pero en unas y otros, su grandeza permanece intacta. Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973, en la Clínica Santa María.

LA OBRA

La poesía ha sido, desde la infancia de Neruda, su compañera inseparable. "Yo era un niño de diez años y ya era poeta", escribió alguna vez. La verdad es que cuando —adolescente— llegó a Santiago, sus compañeros no tardaron en reconocerle esta condición evidentísima. En 1921, la Federación de Estudiantes premió, en un concurso, La canción de la fiesta.

No mucho después apareció Crepusculario (1923), y el nombre de Pablo Neruda (seudónimo que años después se convirtió legalmente en su nombre verdadero) comenzó a grabarse en la atención de todos.

Con este libro llegaba a nuestra poesía una voz nueva, íntima, sustentada por emociones y nostalgias que nadie había mostrado tan clara y hondamente. La fama que se inicia crece y domina en varios libros que se consideran representativos de la primera etapa de su creación: Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924); Tentativa del hombre infinito (1925); El habitante y su esperanza (1925), breve novela poemática; Anillos (1926), poemas en prosa que escribe en colaboración con Tomás Lago (en el libro se alternan los poemas de cada uno de ellos), y El hondero entusiasta (1933). Este libro, escrito mucho antes, se publica con retraso.

"Poema 15". Victor Jara, poema de Pablo Neruda.



Parte en seguida al extranjero, y en sus años de ausencia escribe los primeros poemas de Residencia en la tierra (1933). Esta obra consta de tres volúmenes, aparecidos en fechas diversas, y abre una nueva etapa: poesía cósmica, hermética a ratos, universal, de una solidez dramática
intransferible. Ha sido lúcidamente estudiada por Amado Alonso en el espléndido volumen Poesía y estilo de Pablo Neruda.

Las obras mencionadas, y las que se publican después —tan abundantes en su variada naturaleza que sólo citaremos las de mayor resonancia—, no pueden definirse en breve espacio. Es el poeta chileno más estudiado por la crítica continental y europea. Las posibilidades de enfocarle no se han agotado, a pesar de los renovados intentos.

España en el corazón (1937) es su primer paso en la poesía política. Siguen a esta obra: Las furias y las penas (1939); Canto general, cuya primera edición se publica en 1943 en México, ilustrada por Diego Rivera, David Alíaro Siqueiros y Clemente Orozco; Viajes, con ediciones en 1947 y 1955 (consta el libro de: "Viaje al corazón de Quevedo", "Viaje por las costas del mundo", "Viaje al Norte", "Viaje de vuelta", "El esplendor de la Tierra"); Todo el amor (1953): Las uvas y el viento (1954); Odas elementales (1954); Nuevas odas elementales (1956); Oda a la tipografía (1956); Navegaciones y regresos (1958); Estravagario (1959); Cien sonetos de amor (1960); Las piedras de Chile (1961); Discursos (1962), donde se reúnen el de incorporación de Pablo Neluda a la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile como miembro académico y el de recepción de Nicanor Parra. A estas obras debemos agregar: Memorial de Isla Negra, Fulgor y muerte de Joaquín Murieta y La barcarola. Su bibliografía completa es extensísima.



No hemos mencionado las numerosas antologías, las continuas reediciones ni sus Obras completas, publicadas recientemente en Buenos Aires y en Santiago. Todos estos libros han sido traducidos a diversos idiomas. Escribe Mario Ferrero: "Se traía del poeta más divulgado de la actualidad y uno de los más traducidos en la historia de la poesía universal. De su obra producida hasta el momento se han hecho, en total, 225 ediciones, 144 de ellas en idioma español. El tiraje de sus obras en castellano sobrepasa el millón de ejemplares, y las 81 ediciones en lenguas extranjeras, correspondientes a cuatro idiomas, alcanzan un tiraje aproximado de ochocientos mil ejemplares". Estos datos son de 1956. Las cifras actuales son aún más extraordinarias.

Hombre sencillo y profundo, poeta que, sin vacilaciones, ha de considerarse como uno de los más grandes de nuestro tiempo, nos dejó en su verso y en su prosa el luminoso mensaje de la rectitud y la solidaridad humanas.

Transcribimos, para finalizar, algunas líneas de su discurso de Esfocolmo, con ocasión de la entrega del Premio Nobel de Literatura:

"No hay soledad inexpugnable. Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía: mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.

"En verdad, si bien alguna o mucha gente me consideró un sectario, sin posible participación en la mesa común de la amistad y de la responsabilidad, no quiero justificarme, no creo que las acusaciones ni las justificaciones tengan cabida entre los deberes del poeta. Después de todo, ningún poeta administró la poesía, y si alguno de ellos se detuvo a acusar a sus semejantes, o si otro pensó que podría gastarse la vida defendiéndose de recriminaciones razonables o absurdas, mi convicción es que sólo la vanidad es capaz de desviarnos hasta tales extremos. Digo que los enemigos de la poesía no están entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su prppia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos; y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras".

Fotografías: 1) Pablo Neruda en Isla Negra año 1967, con la efigie de Joaquín Murieta al celebrar el estreno de su única obra de teatro. 2) En el Hércules de la calle Bandera en Santiago. Neruda pasó momentos de alegre bohemia.El poeta aparece sonriente (de pie, cuarto de derecha a izquierda) junto a Alberto Rojas Jimenez, Tomás Lago, Julio Barrenechea, Orlando Oyarzún, Julio Ortiz de Zárate, Diego Muñoz, Antonio Rocco del Campo y otros amigos de aquellos tiempos.