martes, 31 de enero de 2017

Garabatos. Palabras sucias...



Ya entrando al final de este 2014, y en este mes de enero de 2015, el juntarse con los amigos es un hábito o una ceremonia (ritual) de inicio de año, para reencontrarse, regalarse, etc. y las conversaciones salen fluídas, sobre cualquier tema y en uno de ellos nos detuvimos conversandolo.

Nuestro amigo (conocido también por ustedes...) Enrique Muñoz Abarca, aporta este escrito, a raíz de la conversación de los "garabatos" entre los jóvenes de hoy, aunque nosotros también los usamos, como usted que los trae a colación cuando se pega un martillazo en un dedo...lo natural es decir ¡¡ chucha !!... porque a nadie se le ocurre ocupar nuestro inmenso vocabulario que tenemos: ¡ recórcholis !, ¡caracoles!, ¡diantre!, ¡cáspita!, y otras que hace años que no escucho.



Vamos con esto de los Garabatos...

GARABATOS.
PALABRAS SUCIAS.

Muchas veces el diccionario, que se supone debe ser el punto de partida para definir el término sobre el cual se desarrolla un tema, nos puede traer grandes sorpresas y decepciones.
En este caso, y siendo el garabato un uso frecuente en los jóvenes, el motivo central del presente trabajo, el diccionario de la R.A.E.demuestra que no tiene el término garabato consignado como nosotros lo entendemos, sino como “un palo o una vara con un gancho en la punta, “como un bozal para perros”, “una escritura irregular y poco legible”, “el garbo que exhiben algunas mujeres y
que les sirve para ser atractivas sin ser hermosas”, entre otras.

Nada en relación a lo que nosotros entendemos. De paso, esto nos demuestra la poca utilidad que a veces nos presta el diccionario porque se presenta como una especie de vitrina de museo del lenguaje, donde los vocablos parecieran empezar a envejecer en el mismo momento que son registrados.

La búsqueda se fue entonces por el lado de los sinónimos alternativos: grosería, palabrota, palabra gruesa, palabra malsonante, mote, coprolalia, escatolalia, denuesto, dicho ofensivo, insulto, blasfemia, entre otros. Algo de claridad obtuve, no mucho, para ser sincero.

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Entonces me detuve a pensar ¿qué estoy buscando? porque no estaba pensando en el garabato que se usa en una situación crítica de relación interpersonal. Tampoco en la blasfemia que se puede escuchar frecuentemente en nuestra Madre Patria y que en su paso toca a Dios, a la Virgen, al Diablo y a muchos santos del firmamento cristiano, ni tampoco a la blasfemia que invoca las fuerzan naturales o a los Dioses del Olimpo, sino a la muletilla que aparece a cada segundo en boca de nuestros adolescentes de hoy.

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Busqué más material de información sin mucho éxito, porque pareciera que el tema ha sido escasamente desarrollado.
 
Menciono a Oreste Plast, el cual, en su vasta obra, trata un capítulo referido a dichos y decires folklóricos campesinos.

Interesante y divertido, pero no es lo mismo. Tambien es justo mencionar el libro “ La palabra huevón”, del profesor Cosme Portocarrero, Editorial L.O.M., l998; interesante trabajo que ayuda a entender nuestro léxico popular y su término más representativo.

Además existe la obra “como sobrevivir en la jungla, (con traducción al inglés), que está destinada a extranjeros, para que aprendan a entender los garabatos en el contexto apropiado.

Con este poco de información, pero mucho entusiasmo por el fenómeno, inicio este proyecto analítico que toca nuestra realidad cotidiana y demuestra en gran medida la forma de pensar, sentir y expresarse de nuestros jóvenes.

Por eso que merece un análisis serio.

garabatos_babossa.jpgQue un colegio prohiba el uso de garabatos como parte de la normativa  estudiantil, me parece procedente, lógico y natural.

Que los educadores tengamos que velar por el desarrollo de un lenguaje puro, ajustado a normas , amplio y funcional, me parece que está fuera de toda discusión. Sin embargo, el fenómeno del garabato constituye una situación bastante compleja y pareciera que la sola prohibición de su uso no bastaría para hacerlo desaparecer.

El garabato ya está instalado, quierámoslo o no. El garabato gana terreno día a día, nos guste o no. Por otra parte, lo que se suponía que correspondía a un medio de muy bajo nivel socioeconómico y de condiciones de vida elementales, hoy día se puede decir que está practicamente legitimado porque se utiliza en un medio social elevado, casi como símbolo de status, choreza o democracia .

También lo han hecho la literatura, el teatro y los medios de comunicación en general.  No resulta extraño un programa de televisión donde las palabrotas resulten frecuentes y normales.

También conviene recordar que el lenguaje es un proceso dinámico y cambiante y que muchas veces el uso sobrepasa la norma. La Real Academia Española de Lengua, en tales circunstancias ha optado por legalizar términos que hasta hace no mucho eran considerados inaceptables.

Garabatos_con_vectores.jpgHace pocos días, involuntariamente, pude escuchar una conversación que
mantenían un grupo de alumnas mientras trabajaban en el taller de arte. Era un diálogo coloquial e intrascendente, pero como el volumen aumentó, pasó a ser de dominio público. Y era tal la frecuencia y el nivel de coprolalias que realmente me molestó.( vengo de una generación en la cual la palabrota era propiedad exclusiva del ámbito masculino).

Además de pedirles que se controlaran, el hecho me motivó una profunda reflexión. Por varios detalles importantes. Primero porque la conversación y el uso de los términos referidos era absolutamente natural y fluída; no estaba la intención de ocultar forma ni contenido. Daba la impresión que ellas pensaban que lo estaban haciendo en los términos correctos.

Tampoco se notaba la intención de ofender; es decir la connotación que llevaban los términos era la de referirse a una persona o hecho y la palabra era sólo el término que lo designaba. También me hizo recordar la incapacidad que frecuentemente tienen para comunicar una idea de manera simple y directa, cuando no tienen el recurso del modismo ( la cuestión, cachai?), o la muletilla del garabato.

Esto último es lo que me parece más grave en términos de deterioro, porque por este camino llegaríamos a un sublenguaje, una especie de código cerrado que sólo les serviría a ellos. Es decir, el lenguaje perdería su condición de universalidad.
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Al respecto, también hay opiniones. Tienen que ver con el grado de
permisividad frente al garabato. Hay quienes entienden su uso dentro de un contexto determinado. Es decir, consideran un uso correcto si el marco es adecuado, como por ejemplo en deportes cuerpo a cuerpo, donde existe roce violento, y las palabrota surge espontáneamente. Sería muy extraño que frente a un planchazo en un partido de fútbol, el agredido reccionara con un “¡Santo cielo!” o un “¡le sugiero que modere su actitud!”.

O en actividades multitudinarias en las cuales se pierde la individualidad y se abren las válvulas de escape para quienes en lo cotidiano tienen que ceñirse a una comunicación formal y reverente. Otros, simplemente no lo aceptan y consideran que son un atentado al lenguaje y están dispuestos a dar la vida por cuidar la pureza del idioma.

Voy a evitar una conclusión definitiva porque, en verdad, no la tengo. El problema existe. Es complejo y rebelde de extirpar. Pero prevalece una condición última: que el lenguaje sea recurso efectivo de comunicación y como tal, debemos cuidarlo y enriquecerlo para que no se sigan acuñando
elementos extraños que lo vuelvan incomprensible y pierda su función. Tras este fin, cada uno desde sus propias posibilidades y desde su propia posición.

No queda más.

En las fotos: 1) y 5) Símbolos para "graficar" los garabatos en los comic. 2) Viñetas de Condorito, autor Pepo. 3) Oreste Plath, folclorólogo y escritor chileno con muchos libros a su haber. "Folclore lingüistico chileno", uno de ellos. 4) Dibujo Babossa de la web: http://www.infraser.com/. 6) Portada del libro Chile Garabato de Tito Matamala.