sábado, 14 de enero de 2017

Folklore infantil, su valor formativo. Parte 2.

En un anterior escrito se puso el título del libro de donde salen estos artículos, en este caso "Para saber y cantar", es el título anterior del escrito en su parte 1, hoy seguimos con Manuel Peña Muñoz, que es el autor de este pequeño libro, que por lo escrito en sus páginas en un libro Gigante para nuestras pretensiones de difundir nuestro folclore y cultura tradicional.

La riqueza de la tradición oral sigue siendo, hoy en nuestros días, cuando las expresiones escritas y visuales lo llenan todo, una parte muy importante del Patrimonio de la Humanidad. Y continúa conservando el caracter de transmisor de cultura, que fue su razón primera de existir.




A través de la narrativa oral se enseñaban los mitos sobre la creación del mundo y del hombre, sobre la historia del grupo social al que se pertenecía, sobre los viajes, las técnicas, el calendario agricola, etc.

He ahí la importancia de la tradición oral.

 El libro del "folklore infantil chileno", nos lleva a los tiempos cuando nuestras abuelas nos contaban historias, adivinanzas y otros relatos de la tradición oral, junto a un bracero y tomando un mate (que es el caso del editor de este artículo).

Los dejo con...

EL FOLKLORE INFANTIL:

SU VALOR FORMATIVO EN LA SENSIBILIDAD
DEL NIÑO.

La tradición oral es riquísima en fórmulas válidas para los niños. El folklore infantil se convierte en un instrumento de educación ética y estética, a la vez que sirve de vínculo afectivo entre el padre y el niño.

Adivinanzas, trabalenguas, canciones de cuna, rimas, cuentos de nunca acabar, como aquel de la hormiguita "que fue al granero, se robó un triguito y arrancó ligero", deben ser el corpus indispensable que alimente el corazón y la mente de los niños. Está comprobado que la inteligencia y la sensibilidad se desarrollan mucho más en aquel niño que en su infancia más temprana ha sido arrullado con nanas o entretenido con pequeños juegos de dedos, como aquel de:

"Este niñito compró un huevito
este lo puso a asar
este lo reventó
este le echó la sal
y este perro viejo se lo comió"
*

huevo1.jpg* (Nota: En mano abierta, se comienza con el dedo meñique "Este niñito..." y termina en "este perro viejo" es el pulgar).

Los niños criados sin canciones, ni poesías, ni cuentos, son más desvalidos espiritualmente que aquellos que se han educado al amor de las narraciones orales oídas de sus padres en la intimidad de un dormitorio.

¿Cuáles son estas formas del folklore infantil?

Primeramente las nanas o arrurrupatas que son las canciones de cuna con que la madre hace dormir a su niño o lo arrulla para calmarle un dolor. La importancia de estas nanas reside en que son las primeras manifestaciones literarias y musicales que escucha el niño. A nivel inconsciente, el niño capta en ellas la corriente de afectividad y ternura que llevan implícitas. Y la madre es quien se las susurra al oído:

"Duérmete, niñito
duérmete, por Dios
 por los capachitos
de San Juan de Dios".


De estructura melódica muy simple, las nanas permiten a la madre variar sus letras. Estas tienen un profundo lirismo y una tierna espiritualidad:

"Este niño lindo
no quiere dormir
quiere que le traigan
flores del jardín"


o bien:

"Angeles de! cielo
que vienen volando
llévenme a mi niño
porque está llorando".

Las nanas chilenas se inspiran muchas veces en las españolas, folklorizándose después. Sus letras son ingenuas, aludiendo a temas religiosos de la Historia Sagrada y a animales:

"Duérmete, niñito
que ya viene el toro
con sus pies de plata
y sus cachos de oro".

"Este niño mío
que no tiene cuna
y las mariposas
ya le han hecho una".

Abundan en ellas la poesía pura, con imágenes de gran fantasía:

"Duérmete, guagüita
que voy a lavar
 pañales de hilo
con agua de azahar

"Toronjil de plata
 torre de marfil
esta guagua linda
no quiere dormir"


Más tarde, el niño es educado en el folklore infantil religioso. En los hogares católicos, los padres se preocupan de enseñarla al niño a formular las primeras oraciones antes de acostarse. Los niños aprenden con facilidad estos rezos sencillos y mágicos que no olvidarán nunca y que fijarán en su alma los primeros valores religiosos. Estas oraciones infantiles candorosas, constituyen educacionalmente un material valioso que el padre actual debe aprender a entregar a sus niños:

armstrong4.jpg"Con Dios me acuesto
con Dios me levanto
y la Virgen María
me tapa con su manto".


o bien:

"Ángel de la Guarda
dulce compañía
no me desampares
 ni de noche ni de día
 Si me desampararas
qué será de mí
Ángel de la Guarda
ruega a Dios por mí"
.

Durante el día, el padre o la madre deben procurar entretener al niño hablándole, enseñándole a nombrar ios objetos, conversándole. Están equivocados aquellos padres que utilizan al televisor como la verdadera institutriz de la casa.

En muchos hogares actuales, los padres "se deshacen" de los niños, sentándolos delante del televisor encendido que crea un efecto hipnótico, anulando su capacidad creativa y también sus posibilidades de desarrollo físico. Los niños que permanecen muchas horas delante del televisor atrofian su inteligencia.

Es mucho más estimulante el ejercicio físico, los juegos al aire libre, la recreación de los cuentos leídos o narrados, que —como dice la palabra— se "re-crean" en la mente del niño, desarrollando su capacidad intelectual y afectiva.

Los cuentos y canciones de nunca-acabar divierten al pequeño de dos o tres años y le crean un sentimiento de expectación y cabala:

"José se llamaba el padre
Josefa la mamá
y al hijo que tuvieron
también le pusieron
José ... se llamaba el padre . . "


lecturas2.jpg
Los cuentos orales que aún hoy día se narran en los campos de Chile constituyen un vivo ejemplo de lo que debería conservarse y propagarse. En este sentido, la provincia o la capital deberían aprender del medio rural.

Muchos han sido los que en Chile se han preocupado por recoger estos cuentos folklóricos que circulan en nuestros campos.

Ramón Laval fue uno de los primeros que se preocuparon por la cultura y el saber populares.

Cuentos como "El león y el hombre" o "El tahúr y la hija del diablo" son sus narraciones más representativas de las que él mismo recopiló. Cuentos que empezaban así:

"Han de saber que estos eran dos viejecitos: marido y mujer; que vivían en un miserable rancho, como a una legua de distancia de la ciudad. No tenían sino un hijo, que se llamaba Pedro y al cual, cuando estuvo en edad conveniente, lo pusieron al colegio. Pero era un muchacho flojo y se excusaba de ir a la escuela alegando que estaba muy lejos. Cuando sus padres lo obligaron a ir, se quedaba en el camino zanganeando con otros niños de su edad, tan flojos como él" . . .

"La niña María", Coro Infantil del Colegio Latinoamericano.**


Ramón Laval junto a Rodolfo Lenz fueron los precursores de la investigación folklórica en Chile y los primeros que recogieron gran parte de los cuentos populares de nuestra tierra.

Otros estudiosos han sido Oreste Plath, Yolando Pino y Robinson Saavedra que publicó varios libros de cuentos para niños recogidos del folklore araucano y chileno. Cuentos como "El Viejo Latrapay" o "El león pelea con el grillo" resultan representativos de estos cuentos contados entre mapuches que recientemente han sido revalorizados por Alicia Morel en su libro "Cuentos Araucanos".

Junto a las narraciones orales de nuestros campos, ya sean campesinas o mapuches, figuran las pequeñas rimas, a menudo sin sentido. Un padre toma a su niño de dos años y lo monta sobre las rodillas, jugando con él:

"Pimpirigallo, monta a caballo
pimpirigallo, caballo bayo".


o bien

"Talán, chiqui chí
talán, chiqui chí".


El valor de las onomatopeyas es inmenso. Estimula en el niño su capacidad asociativa y lo predispone a una situación de juego. A través de las palabras y de los movimientos corporales, faciales, gestuales y afectivos, la madre se comunica espiritualmente con su niño a través dei juego:

"Pelotilla, manzanilla,
pelogato, veinticuatro,
una, dos, tres y cuatro".


Estas pequeñas fórmulas de juego para los niños de "la primera infancia" son numerosísimas y permiten variantes, acomodándose a la capacidad expresiva del padre:

"Aserrín, aserrán
los muñecos de San Juan
piden pan, no les dan
piden queso . . .
¡corta pescuezo!"

"Tilín, tilón
colita de ratón".


"Teresa, la condesa
chiqui chí, chiqui chá
 que le duele la cabeza
chiqui chí, chiqui chá".


Estos pequeños poemitas cantados, para calmar el dolor de un niño, para distraerlo, etc., se acompañan de palmas, moviendo los bracitos, las piernas y las manos del niño. Provocan comicidad, estimulan la actividad lúdica, afinan la fantasía y fomentan el gusto por la palabra cantada:

"Tres pollitos tiene mi tía
el uno le canta
el otro le pía
y el otro le toca la sinfonía".


Letras absurdas, extrañas a veces, pero que gustan al niño por su carácter extravagante y rítmico. No sin razón Federico García Lorca escribió para los niños "El lagarto está llorando" y la famosa "Canción Tonta".

Veamos otro ejemplo de la poesía popular infantil:

"Pinto monino
de calabacino
vendiste los huevos
en treinta y cinco
en qué lugar
en qué calleja
la moraleja
agárrate niño
de esta oreja .. ."


En nuestro país, el folklore infantil permanece vivo y en constante renovación. Es nuestro deber preocuparnos por él y difundirlo.

Investigadores como Juan Pérez Ortega o Alejandro Hermosilla se han preocupado en estos últimos años por recogerlo. Juan Pérez ha recopilado la música folklórica infantil chilena, es decir, rondas de remoto ancestro hispánico que aún hoy día danzan niñas de Chiloé vestidas con delantal almidonado.

Alejandro Hermosilla ha recogido también costumbres, creencias, juegos y juguetes de los niños chilenos. Pero indudablemente hay mucho más que recoger todavía. Por el carácter esencialmente cultural que tiene esta tarea, corresponde a los educadores recoger y difundir nuestro folklore infantil. Los cuentos populares, los mitos, las leyendas, los cuentos de nunca acabar, las poesías para niños, los cuentos de pegas, las adivinanzas que repiten en los campos nuestras gentes sencillas, no han sido coleccionados suficientemente.

Reunirlos, ordenarlos y difundirlos nos permitiría poseer en Chile una de las colecciones folklóricas más ricas de la lengua española, a la vez que disponer para nuestra infancia de un abundante material artístico con el cual ennoblecer, regocijar y hacer crecer el espíritu del niño.

Las colecciones de rimas, adivinanzas y nanas han existido siempre.

En Inglaterra, Lona y Peter Opie coleccionaron las "Nursery Rhymes" en "The Oxford Dictionary of Nursery Rhymes".
En Alemania, la extraordinaria diversidad ya fue recogida por Arnin y Brentano en su libro "El cuerno maravilloso del muchacho" ("Des Knaben Wunder-horn") y actualmente por el escritor Hans Magnus Enzens-berger en su libro "Allerleirauh. Viele schóne Kinderreime".

En España, Antonio Machado, Federico García Lorca y Rodríguez Marín se preocuparon por el folklore infantil. En la actualidad, la escritora Carmen Bravo-Villasante, ha publicado numerosas colecciones, entre ellas "Una, dola, tele, católa", en Editorial Miñón, de Valladolid, "Adivina, adivinanza", "China, china, capuchina" y "Colorín, colorete".

En Argentina, estas formas folklóricas para los niños fueron recogidas por Rafael Jijena y el maestro Carrizo; en Puerto Rico por María Cadilta, y en Cuba por Concepción Balzola.
Portada_Folclor_Chileno.jpg
En Chile, las colecciones aparecían dispersas. Personalmente me he ocupado de reunir algunas fórmulas de juego que he escuchado decir y cantar a niños en diversos puntos de Chile. La mayoría de estos juegos y versos coleccionados en este libro provienen de las recopilaciones que he hecho en Nascimiento, Los Angeles, Valparaíso, San Fernando, Cochamó, Castro y Dalcahue.

Otros están tomados del libro "Folklore Chileno" de Oreste Plath.

Creemos que los educadores y padres podrán utilizar estas chacharachas, matutines, retahilas, fórmulas de juego y adivinanzas para formar estética y espiritualmente al niño.
Porque para pedir la lluvia, para hacerse cosquillas, para jugar con las manos, para que deje de llover, para hacerle sacar los cachitos del caracol al sol, para quitar u ocupar una silla, hasta para curar una herida, el niño recita y canta.

Que esta colección sirva y entretenga a nuestros niños. Esperamos que los maestros y padres de todo el país sepan, sacar provecho de este mundo lírico y maravilloso que ofrece nuestro folklore infantil, y que no pierdan de vista un último concepto: el objetivo final de la literatura infantil, del folklore de los niños, de sus juegos y pasatiempos, es la educación estética de los sentimientos y fundamentalmente la recreación.

Manuel Peña Muñoz.

(Ir a Nanas y Arrurrupatas, Parte 3).

Bibliografía: "Para saber y cantar...", el libro del folklore infantil chileno. Autor: Manuel Peña Muñoz. Ediciones Cerro Huelén. 1983.

** Música del cd "Las mejores 30 Rondas infantiles", Intérpretes: Coro infantil del Colegio Latinoamericano. Sello Alerce. Cd que puede ser adquirido por la Web en Sello Alerce o en Discomanía.