lunes, 24 de abril de 2017

Chile Ríe y Canta. René Largo Farías. Parte 2.


Seguimos con el Nº 1 de Chile Ríe y Canta, la Revista. Diciembre de 1991.
 
 En el anterior artículo se indicaba que estas transcripciones de la Revista Chile Ríe y Canta, deben ser tomadas como un homenaje a René Largo Farías, en donde René Largo Farías dice: "Chile Ríe y Canta es más que una empresa. Es un imperativo moral dispuesto a defender el patrimonio cultural que hoy se lo expende en los escasos medios de comunicación como chatarra y en gotas. Con esta Revista que ponemos en sus manos lo estamos reiterando..." 

En su página 4) en el item "Documentos" nos dice:




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La Nueva Canción Chilena

 En 1977, en plena dictadura y pleno exilio, Casa de Chile, la entidad solidaria de México que dio alero y aliento a la diáspora acogida al asilo de ese pueblo hermano, encargó a Rene Largo Farías la redacción sobre un estudio sobre "La Nueva Canción Chilena".

En su breve prólogo, el escritor chileno Luis Enrique Délano - quien entonces estaba a cargo de los asuntos editoriales de Casa Chile- señalaba que la nueva canción chilena "ha llegado a adquirir, primero en América Latina , luego en Europa y en todo el mundo, una viva resonancia". También la calidad de una herramienta de lucha por la democracia y contra la dictadura. Esta es la razón - señalaba Délano- por lo cual este estudio no "incluye los nombres de algunos de la nueva canción chilena que no han abandonado nuestro país".

Las razones eran obvias. Por otras igualmente obvias, dicho estudio fue escrito lejos de nuestro país. Por tales , "Chile Ríe y Canta" lo ofrecerá a sus lectores, por su extensión, dividido en tres entregas.

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Esta es la primera:

De folclor, Nuevo Canto y otras yerbas.

FOLCLOR, así con "C" según dispuso la Real Academia, es saber popular, sabiduría del pueblo. Es la definición de una disciplina que apasiona a muchos, que para unos es razón de vida, razón de lucha y que para otros es factor de subversión, tarea política, peligro guitarrero, consigna.

Desde que en 1846 el arqueólogo Toms usó por primera vez el término para englobar el conjunto de las tradiciones, creencias y costumbres de los núcleos populares, han pasado muchas cosas... y esos núcleos populares se han modificado, han destruido sistemas, han tumbado im-perios, han modificado su geografía y han creado banderas.

Si folclor es "saber popular", folclorista es el que se ocupa o trata de la  producción cultural del pueblo. Un folclorista es entonces, o debe ser, un artista y un sociólogo, un historiador y un antropólogo. El verdadero folclorista no podrá comercializarse jamás, si es consecuente con su vocación.

Pero junto a ésto, teóricamente claro, puro, perfecto, surge la deformación: el folclor de consumo. Y es natural que así ocurra en sociedades como las nuestras, donde todo tiene un precio. Y si puede venderse el amor, si tiene precio la belleza, si el arte es convertible en mercancía., ¿porqué no el folclor?.

Así nace pues el folclor comercial. Es el de las radios, el de las grandes empresas disqueras, el de la televisión... Pero éso es harina de otro costal. El folclor que nos preocupa es el otro, el puro, el que caracteriza a nuestros pueblos, el que significa reivindicación porque persigue la conquista de lo nuestro, el que exalta los valores propios de América Latina.

Y ese folclor es cambiante, tiene rostros distintos, porque el clima de Cuba es distinto del de Bolivia, porque el paisaje de Chile es diferente del de Panamá, porque las costumbres del pueblo de Costa Rica difieren de las del pueblo del Uruguay, porque los atardeceres de México varían de los crepúsculos del Brasil... Pero esos son solo matices de un gran mural. El ancestro es común, la raíz es la misma.

Somos parte de conquistadores y de conquistados. Todos somos sobrevivientes del más gigantesco genocidio que conoce la historia del hombre. En nuestra América había unos 40 millones de indígenas cuando llegaron los dioses blancos y barbados,: al empezar el siglo XVI no quedaban más allá de unos doce millones. El resto pereció, diezmado por las armas y las enfermedades que trajeron los conquistadores.  

Algunos pueblos como los charrúas, fueron totalmente exterminados. De los araucanos en Chile, quedan apenas unos 200.000, acosados por la miseria y el abandono. Ante el temor de quedar sin mano de obra, los conquistadores empiezan a traer esclavos de África en el siglo XVI... Allí comienza el aporte negro a la cultura de nuestros pueblos.

Folclórica es para nosotros tanto la música de los pueblos indígenas, la pre-hispánica, como la criolla, la que asimiló elementos de los conquistadores y el espíritu de los conquistados. Ninguna logró avasallar a la otra: se confundieron, se amalgamaron, y así permanecen ambas; tienen validez, son legítimas.

Y, con perdón de los científicos que piensan que lo folclórico requiere necesariamente de la anonimía, pensamos que es folclórico todo lo que el pueblo acepta como suyo, siempre que resista el paso de tres o más generaciones y que contenga, por cierto, los elementos que configuran nuestra raíz, nuestro origen.

Esta teoría nuestra sujeta a todo tipo de interpretaciones, haría que "El Rey", por ejemplo, sea una pieza folclónca si el pueblo la sigue cantando en treinta o cuarenta años más, aunque se olvide de José Alfredo. O que "La Flor de la Canela" también lo sea, como lo sostenía la propia Chabuca Granda.


Esto determina también que el Nuevo Canto, la canción comprometida, el cantar latinoamericano de hoy, o como se le quiera llamar sea, para nosotros música en proceso de folclorización.

Don Atahualpa Yupanqui y Doña Violeta Parra, pilares fundamentales del Nuevo Canto, en Chile y en América. Con ellos cambian las temáticas y comenzamos a cantar al hombre y sus problemas.

Pero... ¿dónde nace el Nuevo Canto? ¿Como surge? ¿Quién o quiénes fueron sus impulsores? ¿Quién puede decir ... yo estuve en su gestación, o yo lo parí?. Pensamos que es difícil precisarlo, y que nadie puede atribuirse la paternidad del Canto Nuevo.

Creemos que se trata de un caso de paternidad colectiva.

El canto de protesta, para llamarlo de alguna manera, surge con el hombre mismo. Y el primer llanto del animal-hombre es como un canto de protesta por traerlo a la luz, o por arrancarlo de la tibia alcoba materna. Pero esa es una reflexión rebuscada... Hay fechas , hay títulos que confirman la antigüedad de la protesta hecha canto.

Ya en 1381, en pleno reino de Ricardo II, los campesinos ingleses usaron una canción como su escudo, como su himno de batalla: El Reyezuelo. De éso hace seis siglos.
Himno de protesta fue también "La Marsellesa". al decir de Gilbert Becaud, quien la calificó como la mejor canción de ese tipo de todos los tiempos al responder a un periodista mexicano, un poco en broma pero con una indiscutible base real.

En nuestra América hay muchos antecedentes que permiten asegurar que el canto social están antiguo como el hombre. Son mucho más numerosos aquellos que nos vienen desde comienzos de este siglo. Como El barzón, canción mexicana de tiempos del gobierno autoritario de Porfirio Díaz, que da expresión a las penurias del campesino explotado.


Innumerables son los testimonios que aporta Paulo de Carvalho-Neto en su obra El Folclor de las Luchas Sociales.
 

Nosotros quisiéramos situamos casi en nuestros días, donde el canto de protesta tiene expresiones clásicas en el Camino del Indio, de Atahualpa Yupanqui, y en una canción del "Jibarito", Rafael Hernández:

"Pasa la mañana entera
sin que nadie quiera
su carga comprar, ay,
su carga comprar.

Todo, todo está desierto
y el pueblo está muerto
 de necesidad, ay,
 de necesidad."



Este Lamento Borincano se canta desde 1933 y lo han difundido mucho los medios de comunicación masiva, inadvertidamente, sin reparar tal vez en su profundo contenido de denuncia.

Pero es sólo un cuarto de siglo después cuando el nuevo canto empieza a vertebrarse, cuando empieza a encontrar su propia fisonomía, su rostro exacto. Y nosotros, sin pretender ni remotamente ser la "mamá de los pollitos", reclamamos para Chile el privilegio del alumbramiento. Claro está que no fue porque sí.

El canto nuevo surgió y se desarrolló allí porque las condiciones políticas exigían banderas cantadas. Y esos emblemas fueron dados a nuestro pueblo por una Violeta Parra, un Víctor Jara, un Patricio Manns, un Rolando Alarcón, un Ángel Parra, un Richard Rojas, un Nano Acevedo, una Isabel Parra, un Osvaldo Rodríguez, un Sergio Ortega, un Payo Grondona... tantos. Y hasta me atrevería a decir que sus canciones fueron ayudando a crear clima para el advenimiento del gobierno de Allende en Septiembre de 1970. Pero éso lo veremos a la vuelta de la hoja.

Repitamos, al terminar, que el nacimiento del nuevo canto pasa por un YUPANQUI:

"Que Dios vela por los pobres:
tal vez sí o tal vez no,
Pero es seguro que almuerza
en la mesa del patrón"

Que también pasa por un Aníbal Sampayo ("Patrón")

"Esa sombra que tirita
tras sus reses,
huella y harapos,
comiendo a veces,
patrón, por sus intereses,
ese es su peón".


y por un Daniel Viglietti:

"La copla no quiere dueños.
Patrones no más mandar.
La guitarra americana
peleando aprendió a cantar".

Y, olvidando a muchos, diríamos que también pasa por Chico Buarque de Hotlanda y Joao Cabral de Mello Neto cuando cantan al campesino del Brasil que luchó por un pedazo de tierra:

"La fosa en que yaces
es de buen tamaño,
ni ancha ni honda:
es lo que te toca
de este latifundio".

Hasta aquí las páginas de este especial de la Revista Chile Ríe y Canta, que continúa en otro capítulo.

En las fotografías: 1) Portada de Revista Chile Ríe y Canta Nº 1. 2) René Largo Farías. 3) Agrupación Hiskka Thukkuri que en lengua aymara quiere decir "pequeño bailarín", de la ciudad de Arica.Foto de la web: El Morrocotudo, de Arica.

(Ir a Parte 3 Chile Ríe y Canta).