martes, 6 de junio de 2017

Música en Familia. Música Popular Chilena, Parte 15.

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Me comenta Enrique Muñoz Abarca, profesor, publicista, artísta gráfico y también "cantor y guitarrista" aficionado, que existe poca información de la actividad "artística" que se da en forma espontánea en algún cumpleaños, celebración familiar o grupo de amigos que se juntan a conversar de "tiempos pasados"... y no existe una inquietud de "estudiosos" para traer estos temas y analizarlos.

Tiempo que esta idea la tiene Enrique y la comentó con muchos amigos músicos que no se motivaron en este tema, pero como esta página de "Folclore y Cultura Chilena", está para todos los temas relacionados con nuestra cultura popular, damos un espacio a este amigo y aquí está su aporte, que esperamos lo complementen los lectores con sus comentarios y la experiencia en estas "lides"...




Los dejo con Enrique y su ponencia.

Música en familia

Hay un tipo de música que cuesta mucho ubicarla dentro de una clasificación convencional. Porque su contenido, su forma, su escenario, sus circunstancias y su efecto son absolutamente diferentes. Me refiero a la música en familia, a la música que se toca en reuniones sociales, en vivo y en directo. A aquella absolutamente popular, desconectada y no académica. En suma, a la música que nunca sube a un escenario formal.

Vengo de una época donde, al parecer, había más expresión de este tipo. Por lo menos en mi círculo próximo siempre hubo presencia de esta forma. Soy hijo de un músico de aquellos tiempos cuando todavía no aparecía ni la victrola a cuerda (gramófono), y las fiestas, según mi padre, no tenían otra alternativa que contratar músicos para animar en vivo y en directo. Fue la generación de músicos que prácticamente desapareció con el advenimiento de los sistemas de reproducción electrónica de sonido. En mi deambular musical tuve el honor de aprender y tocar junto a un músico (banjo), de la época del treinta. Una experiencia impagable.

De manera que en mi hogar y en el de los amigos siempre se animó y se bailó con este tipo de soporte, y fui parte activa de la cofradía desde que mi abuela, a los siete años, me enseñara los primeros acordes.  Era la forma normal y cotidiana y, cual más cual menos, se animaba a aportar algo a la causa. Soy un convencido, por lo tanto, por la larga experiencia en estas lides, que el efecto de este tipo de música es siempre positivo en términos de interacción.

cantores-maraqueros.jpgHasta hace poco tiempo, pensaba que esta forma estaba cayendo en desuso. Pero, ocurre que estando en una reunión social reciente, salió al baile una guitarra. Uno, el primero de los presentes (bastante joven), dijo que sabía muy poco de música, que solo manejaba un par de canciones, pero que igual se iba a atrever.

Y tocó un tema de Leonardo Favio. Aplausos y vítores. Fue un verdadero milagro: a los menores les pareció “choro” el estilo; los mayores se apegaron a la nostalgia de la época y recordaron otros intérpretes, que fueron interpretados por otros aficionados allí presentes.

Alguien mencionó un bolero y fue interpretado a coro. Otro se acordó de un tango y allí fue puesto en terreno. Se cantó El Rey, en honor al dueño de casa. Se habló de rock and roll, de Elvis Presley, de los Beatles, de la música setentera, Violeta y Víctor saltaron a la palestra. Unos recios pies de cuecas coronaron el evento.

En fin, una hermosa tertulia bien conversada, bailada y salpicada de canciones y recuerdos. El material humano y musical era variopinto, pero todo el mundo se atrevió a participar porque, precisamente es la característica principal de este género. Nunca se pide excelencia académica; se espera que la música logre crear un ambiente donde todos están llamados a corear sin problemas y sin importar si son más afinados o no. La música entonces cumple otro fin.

mesa+servida+2.jpgCreo que es patrimonio cultural muy importante y que hay que conservar desarrollar y aprender a querer. Como no es restrictivo, se irán incorporando nuevas formas y estilos que dejen los nuevos tiempos, pero nunca dejarán de tener cabida los clásicos que están en la memoria colectiva y que allí encuentran espacio y permanencia.

Finalmente, una invitación a las nuevas generaciones: Ser capaces de llegar, de crear un ambiente sin micrófono, sin retorno al oído, sin un sonidista de apoyo y sin conexión de ningún tipo.
Hasta aquí el escrito de este amigo, y espero les quede la inquietud de tener siempre una guitarra en casa, sobre todo en esas celebraciones con amigos.

Fotografías: 1) El autor de este escrito Kiko, su hijo Melqui y acompañando Miguel. 2) Kiko, 1º voz, este editor Carlos, con el shekere o calabash. es un instrumento de percusión de África, consistente en una calabaza secada con cuentas tejidas en una red que la recubre. y Héctor en las maracas... 3) La mesa siempre presente y decorada, esperando a los comensales.