lunes, 20 de febrero de 2017

Valparaíso navega en el tiempo. Parte 6.




Nuevamente llegamos a Valparaíso, pero esta vez de la mano de Franklin Quevedo Rojas.
¿ Y quién este señor ?.

Se lo cuenta Editorial Planeta, en su colección "Memoria de Chile/ Ciudades", con el libro "Valparaíso navega en el tiempo" Don Franklin nos cuenta de esta maravillosa ciudad "que representa el más verdadero y universal de los tesoros patrimoniales de Chile", como dice parte de su texto en la contraportada del libro.

Aquí comenzamos con la reseña del autor.


 
Franklin Quevedo Rojas.

Franklin Quevedo Rojas no nació en Valparaíso, sino en una pequeña localidad de los alrededores de Linares, en 1919, pero su familia se instalo en el puerto cuando él tenía sólo seis años, y vivió allí toda su infancia y juventud. Quedó marcado para siempre con las vivencias porteñas, que estarán desde entonces presentes en toda su obra literaria.

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Fue originalmente profesor normalista, profesión que ejerció durante casi una década, y, posteriormente, se hizo periodista, trabajando durante largos años en Clarín, hoy desaparecidos, y sobre todo en La Nación, donde se desempeñó como reportero económico.

Dirigió la Radio de la Universidad Técnica del Estado hasta septiembre de 1973. El golpe de Estado le significó su exoneración, prisiones durante casi dos años en el campo de concentración de Chacabuco, en Ritoque y Tres Alamos, y finalmente su salida al exilio en Costa Rica, donde permaneció hasta 1990. En ese país trabajó como académico en las universidades de Costa Rica y Nacional.

Es autor de Todos seremos rosados (Santiago, 1966), Muñecas, militares y pececitos (San José de Costa Rica, 1990) y Regreso al Valle del Paraíso (Santiago, 1995), libros de cuentos. Ha publicado también varios textos para la enseñanza de la literatura, un Diccionario didáctico de ecología (1990, en coautoría), y muy recientemente, un monumental ensayo: La tristeza del chileno (dos Tomos, Santiago, 2000).

Hasta aquí esta pequeña reseña del autor, ahora el texto de la contratapa del libro "Valparaíso navega en el tiempo", de un conocido nuestro citado en otros artículos.

"Quisiera que me nombraran Cónsul de Chile en Valparaíso", dice la célebre frase de Joaquín Edward Bello, y es evidente que el autor de este libro querría él también serlo. O más que eso, embajador y heraldo. 

No es casual, como signo de su gran devoción, que un volumen de relatos suyos —que se cuentan entre lo mejor que se haya producido como narrativa inspirada en nuestro puerto mayor— lleve por título Regreso al Valle del Paraíso. Este "gran arrecife de coral" —Valparaíso— tiene una larga y apasionante historia. 

Fragmentos de ella han sido recogidos en este multicolor caleidoscopio, muestrario elocuente de lo que ha sido y es la ciudad que representa el más verdadero y universal de los tesoros patrimoniales de Chile.

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Valparaíso navega en el tiempo.

COMO UN GRAN ARRECIFE de coral, Valparaíso florece en inverosímiles direcciones. Por entre sus miles de callejas, escaleras, cuestas, casas en equilibrio imposible, circulan niños, perros, gatos, mujeres, burros, hombres y el viento con sus mensajes amarillos, mientras las golondrinas con sus vuelos rasantes unen los cerros con hilos invisibles y las mariposas se extinguen por escasez de flores.

Los humanos son aficionados a otorgar sensaciones, sentimientos a cosas inanimadas que los emocionan. Valparaíso entero nos conmueve. Es como si una mano barnizara, otorgando esplendor, a una vieja esquina, a una escala de peldaños gastados que trepa cuesta arriba junto a una muralla azul y amarilla, donde cuelga un letrero acogedor: "Bar los Tres Amigos". Y el barniz lo preserva en nuestra memoria. ¿Quiénes serían los tres amigos?

Porque la parte inerte de Valparaíso es sólo apariencia, sus habitantes la han humanizado y a su vez ella los ha penetrado y la llevarán por siempre, en sus huesos, en su sangre, en su alma, así estén anclados en Yokohama o en Estocolmo, o bajen por el Mississippi, o remonten por el Amazonas.

Y anhelarán, al final del camino, llegar a reposar al cementerio marino de Playa Ancha para integrarse a lo más inerte de lo inerte, que los atrae con misteriosa fuerza, olvidados de los buques, de los botes, del dique, del molo, de las sirenas, de los barcos, de los cerros y sus infinitas escaleras y ascensores, de los cites y conventillos, y de sus familiares, pero siempre acariciados por el viento.

"Cuando Valparaíso", Autor Desiderio Arenas. Interpreta Grupo Abril.




Quién les quita lo bailado, literalmente lo bailado, en el Zeppelin en el Scandinavia, en el American Bar, "su casa", o los buenos tragos bebidos en los bares que rodean la Plaza Echaurren conversando de tanta vida con las prostitutas que calientan el cuerpo con un vaso de vino antes de iniciar su nocturno trabajo. Y las parrandas con los amigos y los asados en el club de rayuela donde la carne navegaba en un mar de tinto. Y las muchachas de hermosas pantorrillas de tanto subir las cuestas, algunas ariscas, otras amorosas como novias.

También están los trabajos, donde se sintieron mal pagados, humillados, estrujados, adoloridos de los brazos y la espalda, pero al fin la conciliadora nostalgia hará que los recuerden con un sutil aire dulce-amargo.
Así navega Valparaíso, empavesado de vida hacia la eternidad.

Continuaremos conociendo este típico Valparaíso, con sus calles, sus cerros, leyendas y sobre todo de sus habitantes e historia.

Fotografías: 1) Franklin Quevedo Rojas. 2) Portada del libro "Valparaíso navega en el tiempo". 3) Collage de Valparaíso.

(Ir a Valparaíso navega en el tiempo, parte 7)