sábado, 5 de noviembre de 2016

Revista Musical Chilena. Junio 2005.

 
 
Luis Advis.
 
Como siempre sucede, uno busca un tema y me aparece otro, en este caso uno dedicado a Luis Advis, nuestro compositor, que es la faceta más conocida de el, y acá esta su presencia como dirigente de todos los músicos chilenos: Presidente de la SCD.
 
Dejo este In Memoriam, publicado en la Revista Musical Chilena, Junio de 2005, Nº 203.
 
Textos de Scielo, la biblioteca cientifica Chile que incluye una colección seleccionada de revistas científicas chilenas en todas las áreas del conocimiento. 
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Vamos con Luis Advis...


Revista Musical Chilena, Año LIX, Enero-Junio, 2005, N° 203, pp. 130-130
IN MEMORIAM

La música chilena ya no tiene a Luis Advis.

No será necesario hablar de la música de Luis Advis, porque ella ha hablado por sí misma, sin necesidad de explicaciones ni de elogios.

Luis Advis fue durante casi doce años Presidente de la SCD. Así le conocimos.
En su fase como dirigente de la Sociedad fue un conductor especial. Representaba a todos los autores, porque cada autor chileno lo sentía como uno de los suyos, en la música popular, en la música de raíz folclórica, en la música docta. En su particular sentido del humor él mismo se preguntaba si todo eso sería tan cierto.

Estuvo al frente de sus proyectos en la SCD hasta diez días antes de su partida, cuando se reunió con la Comisión Bicentenario a estudiar lo que sería una compilación de la música chilena, de 200 años.

Entonces se sintió mal, se retiró unos momentos, y luego decidió reincorporarse a la reunión, porque nos dijo que era un asunto de mucha importancia. Era estricto y disciplinado consigo mismo, y exigía lo mismo en los demás, sin contemplaciones.

Terrible en sus juicios estéticos. No era posible entrar a un debate con Advis sobre apreciación de arte, sin salir fuertemente magullado ante sus juicios. En aquello que sabía era implacable, irreducible, inconmovible.

Luis era políticamente incorrecto. No entendía el protocolo y se reía mucho de sus propias actuaciones en su relación con el mundo de la política y de la empresa.

Mostraba un gran desinterés por las formalidades y las apariencias, de cualquier naturaleza. Recuerdo cuando en el Festival de Viña del Mar le correspondió presidir el Jurado de raíz folclórica, y apareció luciendo dos gigantescas motas de algodón en sus orejas, lo que se advertía en la pantalla de la televisión. Le consulté si tenía alguna enfermedad. Me contestó que lo hacía porque no soportaba la estridencia y el ruido de los parlantes del escenario.

Su sencillez era extrema. Le gustaba pasar desapercibido. No tenía ambición alguna por figurar. Esto incluso a veces se convertía en algo difícil para su tarea de Presidente de la SCD.

Luis Advis era silencioso. Su forma de ser se contradecía con el tamaño y la fuerza de sus obras.

Era amable en su entendimiento con las personas. Lo saben sus amigos, sus alumnos, los académicos de la Facultad de Artes, los empleados del café de su barrio, de la calle Agustinas con San Martín, los que trabajamos con él en la SCD.

A pesar de su carácter casi tímido, jamás esquivó una dificultad, nunca eludió el debate, y en su momento final, y de ello somos testigos, fue valiente, corajudo, y nos enseñó a mirar de frente a la muerte, sin gemidos ni lloriqueos, con hombría, con una lucidez conmovedora, cuando miró el camino recorrido y nos dijo que estaba bien, que había cumplido la jornada y que su contribución a la siembra estaba hecha.

Advis era impaciente, hiperquinético, y estas palabras mías a esta altura de este homenaje, ya habrían sido suficientes para inquietar su atención, ya habría cruzado y descruzado un par de veces los brazos y las piernas. No podría desairarlo.

Pero Luis Advis se merece mucho más que este homenaje, se merece mucho más reconocimientos y premios que los mezquinos aplausos que le dimos en vida.

Se reiría con ganas si le dijéramos que estamos preparando un festival de su música, pero nos daría un abrazo si le contáramos que hay dolor en su partida, donde los que quedaron en el camino intentan ordenar sus partituras, conmovidos por la luminosidad de sus obras, confundidos en la primera penumbra de una música chilena que ya no tiene a Advis.

Sí, claro, sus obras se han quedado con nosotros, pero la música chilena ya no tiene a Luis Advis para iluminar el camino.


Santiago Schuster 
Director General 
Sociedad Chilena del Derecho de Autor, Chile
 
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