jueves, 6 de octubre de 2016

Cuentos de Ferrocarriles. Parte 2.


Ya estamos en la Parte 2 de "Cuentos de Ferrocarriles", nos trae el artículo Enrique Muñoz Abarca, con sus experiencias en la vida de un hijo de ferroviario. Sus aportes en estos artículos llevarán el "peso" o el hilo conductor de estas historias, habrán cuentos, "dichos" o palabras que usaban los ferroviarios y el aporte técnico en esto de la mantención de los trenes, como las vías.

Los dejo con Enrique Muñoz.

Cuentos de Ferrocarriles.


 

Para la mayoría de los sesenteros, setenteros y otros sujetos de décadas anteriores, la imaginería y el recuerdo de ferrocarriles constituye una amplia base de datos, vivencias y experiencias relacionadas. Se entiende porque estoy hablando de la época en que ferrocarriles en nuestro país acusaba una presencia fuerte en los medios de transportes.

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Se habla actualmente de la época de oro del sistema, que empezó por allá por el norte (Copiapó, 1849), para luego extenderse por todo el país, de Iquique hasta Puerto montt, y donde solo la trocha sur cubría con sus ramales, amplios sectores a la cordillera y a la costa. Llegaron a constituirse cuarenta y dos ramales. Hoy día, la mayoría esta levantado o, simplemente abandonado, con dos escasas excepciones.

El tema es de largo análisis y no siempre las respuestas llegan con facilidad ni precisión. Decisiones políticas inadecuadas de las administraciones de turno, poca inversión en el sistema renovando equipos y adquiriendo nuevas tecnologías, privilegio al tránsito de superficie con la importación masiva de vehículos y construcción de carreteras, intereses creados dentro de los politicos (fenómeno antiguo), en fin, una serie de factores que fueron destruyendo sistematicamente el tráfico sobre rieles.

Para el barrio San Eugenio, mi barrio de origen, ferrocarriles acusaba una presencia señera y gran parte de la vida del barrio estaba ligada a la actividad ferroviaria. Un gran porcentaje de dueños de casa era, además funcionario de la empresa. De manera que las relaciones interpersonales de amistad se reforzaban con la condicion de compañeros de trabajo.

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La llamada Maestranza San Eugenio o, simplemente, la Casa de Máquinas, empezaba sus territorios a escasas dos cuadras de mi hogar y se extendían hasta la calle Rondizzoni al norte, Buzeta, al poniente . Al norte estaba flanqueado por el zanjón de la Aguada. En esa época, el Zanjón era, ni más ni menos, un colector a tajo abierto que arastraba desechos del antiguo matadero del sector de Franklin. Era un sector portentoso y aún en el plano de Santiago, se dibuja como una superficie equivalente al Parque O¨higgins y al Club Hipico juntos, en espera de algún destino final.

"Tren al Sur". Los Prisioneros.


Mi padre, durante sus largos años de vida funcionaria, cubrió de madrugada la distancia a paso lento, en escasos 5 minutos. Luego, el pitazo de las 12:30 era la señal para llevarle la colación y esperar su regreso alrededor de las 17:00.

Así se desarrollaba la vida cotidiana del barrio, entre olor a hollín, pitazos de locomotora, murmullo del paso de los convoyes y, para los niños de la época, un espacio de juego ilimitado que, en la actualidad, sería defícil de replicar.

Fotografías: 1) Tren abandonado en el desierto, también los abandonan en sus andenes y maestranzas, con su venta, pasaron a constituir grandes edificios de departamentos, ver Maestranza de San Bernardo. 2) Paisaje al sur de Chile, con las líneas de tren. 3) Maestranza San Eugenio, foto aérea. De la web: http://simbolospatrios.cl/